13 de Octubre

Martes XXVIII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 13 octubre 2026

Meditación

         Los encuentros de Jesús con los fariseos suelen estar marcados casi siempre por la controversia. Pero Jesús no rehuye el contacto ni la invitación, y por eso cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a comer a su casa.

         Entre los judíos, hacer a uno partícipe de la propia mesa es incorporarlo a un cierto grado de comunión y amistad. No obstante, Jesús se deja invitar por quienes se han declarado sus enemigos, en este caso por un fariseo rico (puesto que puede organizar un banquete en su propia casa, y tener invitados).

         Jesús, que había aceptado la invitación, entró y, sin más protocolo, se puso a la mesa. En semejante acción, Jesús cometió la aparente imprudencia de no lavarse antes las manos, como mandaban los cánones del ritual judío. No obstante, a lo que quería faltar Jesús no era a la educación higiénica (con la que no tenía ningún problema), sino a esa norma de pureza ritual que decía que, lavándose uno las manos antes de comer, quedaba purificado).

         Ya le habían reprochado a Jesús en otra ocasión que no reprendiera a sus discípulos por no lavarse las manos antes de comer, rompiendo con ello la observancia ritual. Pero Jesús vuelve hoy a hacer lo mismo, con el fin de hacer ver a los fariseos dónde había que poner lo realmente importante, que para Jesús era "lo de dentro" y no "lo de fuera".

         La conducta de Jesús resultó escandalosa para los fariseos, y por eso no es extraño que aquel fariseo que lo había invitado se sorprenda al verle actuar así, al ver que no se lavaba las manos antes de comer.

         La reacción de Jesús no se hizo esperar, y dirigiéndose no únicamente al anfitrión, sino a los demás fariseos (también invitados al banquete), les dice: Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosáis de robos y maldades. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.

         Se trata de palabras muy críticas y duras, dichas en el lugar menos propicio y cuando más podían escocer. En ese escenario, Jesús les acusa de prestar mucha atención a las purificaciones externas (limpieza ritual de manos, de copas, de platos...), pretendiendo que semejantes lavados les purifiquen por dentro ante Dios, sin tocar siquiera eso que pervive en su interior.

         Si están llenos de maldades, les dice Jesús, las maldades seguirán allí intactas, por mucho que intenten purificarse por fuera (las manos) o lleven su acción a un lavado exterior (las copas, los platos) de los objetos con los que entran en contacto. Jesús ve en esta observancia una pura exterioridad, sin afectación interna. Y se lo hace ver a los fariseos.

         Lo de dentro es lo más valioso y significativo de una persona, les recuerda Jesús, pues es de dentro de donde salen las buenas y las malas acciones. ¿De qué sirve lavarse las manos, pues, si uno permanece malvado en su interior? Sobre todo porque esa maldad que lo habita acabará saliendo al exterior, expresándose en palabras y traduciéndose en obras.

         Por eso entiende Jesús que esta mentalidad, la ligada a los rituales de purificación externa, es propia de necios, que no saben ver dónde está realmente la suciedad (que hay que limpiar), ni la maldad (que hay que corregir), ni lo realmente importante. Pues el mismo que hizo lo de fuera (el cuerpo, con todos sus miembros) hizo también lo de dentro.

         Una limpieza exterior, en la que no se implica lo que queda dentro, no deja de ser algo superficial y sin ninguna trascendencia. Por eso a Jesús no le importa transgredir esa norma, porque aprecia que esa atención a lo externo, olvidando lo interno, es equivocada.

         Dad limosna de lo de dentro y lo tendréis limpio todo, les dice Jesús. Es decir, la verdadera purificación es la interior, aquella capaz de purificar las intenciones y sentimientos, la conciencia y la voluntad. Bastará purificar esta raíz o fuente para tenerlo limpio todo, puesto que todo lo demás brotará de ahí (las palabras, las acciones, las omisiones...). Dar limosna de lo de dentro es un acto de dar (dinero, ropa, alimento, cobijo, consuelo...), pero siempre desde la compasión.

         El término eleemosyne tiene la misma raíz que el verbo griego que significa compadecer, luego dar limosna vendría a significar "compadecerse de alguien que está en necesidad o en algún tipo de socorro". Es decir, que si la limosna que se da a un pobre no se da por compasión, en realidad no es limosna. O dicho de otro modo, dar limosna de lo de dentro significa darse a sí mismo en limosna, porque si en la limosna no se da uno a sí mismo (su compasión), no se está dando de lo de dentro.

         Al reservarse el limosnero a sí mismo, y no darse a sí mismo, está dando algo que le sobra, que no valora y que le es ajeno. E incluso puede que su interior se vuelva más insensible todavía ante la miseria y necesidad, si sigue haciendo así esa práctica. No habrá cambiado por dentro, o si ha cambiado ha sido para ir a peor. Sería algo similar a ese lavado externo que cree limpiar la suciedad interior, mientras ésta sigue creciendo por dentro.

         Es preciso que la limosna, por tanto, sea compasiva y limpie por dentro. Sólo así nos asemejaremos a Dios, que es compasivo y misericordioso. Sólo así nos estaremos dejando transformar por él desde dentro, con un cambio de mentalidad que hará cambiar muchas cosas en nuestra vida.

 Act: 13/10/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A