8 de Octubre
Jueves XXVII Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 8 octubre 2026
Meditación
No hace mucho comentábamos los últimos versículos del pasaje evangélico de hoy, con el texto paralelo de Mateo: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Para no repetirme, me limito a reflexionar los rasgos diferenciales de Lucas, en los que Jesús comienza con una comparación:
"Supongamos que alguno de vosotros tiene un amigo, que viene a medianoche y le dice: "Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle". Desde dentro, el otro le responde: "No me molestes. La puerta está cerrada, mis niños y yo estamos acostados, y no puedo levantarme para dártelos". Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite".
La parábola destaca el poder de la insistencia para alcanzar lo pretendido, a pesar de las dificultades (es de noche, la puerta está cerrada y hay que abrirla, los niños están acostados y si se hace ruido se los puede despertar...). Y viene a decir que lo que no se consigue por la amistad, sí se puede conseguir a través de la perseverancia y la insistencia en la petición (pues si levantarse a esas horas es molesto, más molesto aún es estar sufriendo la insistencia del que pide el favor).
Jesús quiere fortalecer la fe de quienes piden, y mantener en estado de oración (o súplica) a quienes se dirigen a Dios. La insistencia en la petición es muy poderosa, y acabará abriendo puertas, manos y corazones. E incluso levantando de la cama al que duerme plácidamente, para responder a este reclamo.
Por eso, nos dice Jesús, pedid y se os dará. Pedid con perseverancia (porque antes o después recibiréis) y con paciencia (como en otras circunstancias de la vida), sabiendo esperar y no exigiendo (porque se trata de un favor) ni reclamando nada (puesto que no es un derecho). Si sabemos esperar insistiendo, obtendremos lo que pedimos.
Pero hay que saber que no siempre nuestro momento coincide con el momento de Dios, que no siempre es oportuno recibir ciertas cosas de forma inmediata ni para esa circunstancia, que no siempre es conveniente recibir exactamente eso que pedimos, y que no siempre estamos preparados para hacer buen eso de ese beneficio (aunque sea la salud física o mental).
Lo importante es no olvidar nunca quién es aquel al que dirigimos nuestra oración, petición o súplica: a ese Dios que es Padre de Jesucristo y de todos nosotros. Y ¿qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?
Dios no es un amigo importunado por las peticiones de sus amigos, sino un padre con hijos bajo su cobijo, cuyo sueño quiere respetar y en el que no cabe otra cosa que la benevolencia hacia sus hijos. Es un padre, por tanto, que vela por nosotros, así que ¿cómo no nos va a hacer caso cuando le pedimos algo?
Lo que no podemos confundir nosotros, aunque no lo creamos, es una piedra con un pan, o una serpiente con un pez. Porque de esa manera estaríamos convirtiendo lo benéfico en maléfico, pensando que recuperar la salud plena es algo bueno (por ejemplo), cuando eso, en ese preciso momento, nos ha llevado a la soberbia.
Sólo Dios ve nuestro futuro y el uso que vamos a hacer de las cosas, y el daño o beneficio que nos pueden reportar ciertas posesiones. Sólo Dios ve qué es lo que más nos conviene en cada momento de nuestra vida. Y no sólo para esta vida, sino también para la vida eterna o definitiva.
Los bienes de la vida terrena, por tanto, son muy relativos y deficitarios, y no son el bien sin defecto que nos espera. Y entre unos bienes deficitarios, y el bien sin defecto, hay que presuponer que Dios prefiera para sus hijos el bien pleno y definitivo. Todos sus beneficios, por tanto, van encaminados a la consecución de este supremo bien. Es lo que concluye diciendo Jesús: ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?
Dios no puede darnos nada más valioso que su Espíritu Santo, porque con él nos da su amor paterno, la participación en la fidelidad de su Hijo, el germen de vida eterna y lo más íntimo y valioso de sí.
Act:
08/10/26
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ordinario
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R C A B A
M U R C I A
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