6 de Octubre

Martes XXVII Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 6 octubre 2026

Meditación

         El evangelio de hoy puede resultar a primera vista desconcertante, sobre todo para esas mujeres que, como amas de casa, tanto se esfuerzan por complacer a sus huéspedes e invitados. Oyendo las palabras que Jesús dirige a Marta (andas inquieta y nerviosa con tantas cosas), todas ellas se sentirían muy mal pagadas, y seguramente no soportarían oírlas de un huésped a quien ellas agasajan con todo tipo de atenciones y servicios.

         Además, parece como si Jesús exaltase el descanso (el dolce far niente) frente a la laboriosidad, la pasividad frente a la actividad, a forma de decir que es más perfecto estar en acto que en potencia. Pues bien, leamos el pasaje con mayor detención, para no llevarnos a confusión.

         Jesús se encuentra entre amigos, y en este caso es recibido por dos hermanas (Marta y María) en su casa.

         María se interesa de tal manera por lo que dice Jesús que se olvida de todo lo demás, abandonando incluso sus tareas habituales. No hace nada más que escuchar al Maestro, está totalmente abstraída, y éste es su único quehacer en esos momentos: escuchar y aprender, disfrutando.

         La ociosidad de María, sin embargo, no es pereza, sino un ejercicio de aprendizaje y de amor, por el cual ella está abriendo su inteligencia (sabiendo más) y voluntad (deseando imitar lo que está conociendo) a los pies de Jesús.

         Marta, no sabemos si desinteresada por lo que le interesa a María, o forzada por las circunstancias (como hermana mayor, y responsable de que no se desatiendan las tareas domésticas), se multiplica en el servicio para tener todo en orden (mantel, comida, aperitivos, cubiertos...) como en las grandes ocasiones, pues ésta era una de ellas.

         En todo este proceso, Marta no comprende la actitud de su hermana María (en amigable conversación con el invitado), y por eso llega un momento en que se para y suelta de sopetón: Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola?

         En las casas siempre hay muchas cosas por hacer, y aunque Marta manifieste que lo que a ella le importa es no quedarse sola con el servicio (como si se tratase de una criada), lo que realmente a ella le importa es no quedarse sola. Es decir, sin las atenciones del Maestro. Por eso reclama a Jesús su atención por las bravas, para que reconozca su desazón y de paso le eche una mano.

         Jesús le contesta lo que ya sabemos: Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas, pero sólo una es necesaria. Pero ¿cómo no estar nerviosa, dirán la mayor parte de las mujeres, en esta situación? ¿Y cuál es esa única cosa necesaria? ¿Acaso no lo es el pan de cada día? María ha escogido la mejor parte, le contesta Jesús, y nadie se la quitará.

         Se trata de la mejor parte, que no por ser mejor deja de ser parte. Es decir, que ambas eran las partes necesarias (la de María y la de Marta), y que también había que hacer lo que estaba haciendo Marta con el servicio, pero sin olvidar que ésta no era la parte mejor, sino la que había escogido María.

         Cuando se olvida esto se entra en la vorágine del desasosiego, la inquietud o el nerviosismo. Y semejante inquietud no es buena para el conjunto (las dos partes al completo), pues suele esconder casi siempre algún tipo de apego (como el apego a la estima, en el caso de Marta).

         Al parecer, Jesús estaba siendo mejor acogido por María (interesada por su persona y mensaje) que por Marta (interesada por su progreso y bienestar material). No obstante, lo que Jesús reprocha a Marta no es la parte que ha escogido (la laboriosidad, digna de encomio), sino el estar agitada y nerviosa. E incluso puede que su indiferencia por lo que ha escogido María, que es el conocimiento y contemplación de lo que sí es más importante (su persona y su mensaje).

         La tradición exegética de la Iglesia ha visto siempre en esta escena una llamada a descubrir la parte mejor de nuestra relación con Cristo. Como Marta, también nosotros hemos de vivir volcados al exterior. Pero no por eso hemos de perder la paz y la tranquilidad interior, ni vernos absorbidos por las cosas, ni supravalorar lo secundario, ni infravalorar lo que sí es realmente importante.

         Marta representa la acción de corto alcance, y María una contemplación de largo alcance. Y ambas se complementan, pues toda acción ha de ser contemplativa, y toda contemplación ha de ser activa. De hecho, si la oración ha de interrumpirse por algún quehacer inhabitual, así ha de ser. Y si lo que hacemos ha de ser interrumpido para ponernos a rezar, así ha de ser. Ni la acción ha de evadirse de la oración, ni la oración ha de ser perezosa para la acción.

 Act: 06/10/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A