26 de Septiembre
Sábado XXV Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 26 septiembre 2026
Meditación
Es evidente que Jesús, con sus acciones, cosechó la admiración de muchos, incluidos sus discípulos. Pues bien, en medio de esta admiración general, nos dice hoy el evangelista que Jesús se dirigió a sus discípulos con palabras alarmantes y empezó a rebajar ese estado de euforia en que se hallaban: Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres.
El lenguaje de Jesús no era demasiado explícito (a sus discípulos les resulta oscuro), pero presagiaba malos tiempos. La entrega de la que hablaba el Maestro sonaba a substracción o detención, pero con todo, los discípulos no entendían este lenguaje (aunque no era la primera vez que esto sucedía, ni sería la última).
Nos dice el evangelista que a los discípulos les daba miedo preguntarle sobre el asunto, lo cual indica que algo no entendían, o que eso que entendían no era en absoluto de su agrado. De ahí que eviten entrar de lleno en la cuestión. Si la predicción ya les resultaba oscura (de por sí), por otro lado ellos también rehusaban su esclarecimiento.
En el fondo, los discípulos tenían miedo de enfrentarse con la cruda realidad de los hechos, que les mostraba no un mesianismo triunfal (el que ellos querían) sino un mesianismo cargado de sufrimiento y muerte. Tras la oscura predicción de Jesús se dejaba ver a lo lejos la silueta de la cruz, y esto es lo que les asusta.
Los discípulos temen quedarse huérfanos de su Maestro y Pastor, y quizás hasta correr ellos su misma suerte. Pero sobre todo temen el fracaso de sus proyectos, y ante este tenebroso panorama prefieren pasar de largo, y olvidar lo que les acaban de decir Jesús.
¿No nos sucede esto también a nosotros? Sobre todo cuando alguien (un superior, un familiar...) se atreve a anunciarnos un futuro lleno de incertidumbre, o que no cumple nuestras expectativas. En ese momento, se disparan todas nuestras alarmas y huimos a nuestros refugios del olvido, porque lo que más tememos es el fracaso y el esfuerzo.
También a nosotros nos puede dar miedo preguntar, sobre todo cuando no queremos que la respuesta vaya contra nuestras expectativas. Y es que el miedo es realmente paralizante.
En cualquier caso, tenemos que estar dispuestos a asumir la realidad, por dolorosa que sea, sabiendo que el Señor seguirá proporcionándonos motivos de esperanza. Porque si el Hijo de hombre será entregado en manos de los hombres, eso es debido a que el mismo Dios lo permite o incluso lo quiere, ya que de su muerte sacará un bien mayor: su resurrección y nuestra redención.
Act:
26/09/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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