25 de Septiembre

Viernes XXV Ordinario

Equipo de Liturgia
Mercabá, 25 septiembre 2026

Meditación

         En cierta ocasión, refiere hoy el evangelista, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que soy yo? A tenor de la respuesta que le dieron, podemos deducir que la idea más generalizada que se habían forjado de Jesús era la de un profeta al estilo de Juan el Bautista, de Elías o de uno de los antiguos profetas.

         Pero esta respuesta no satisface del todo a Jesús, y por eso continúa preguntando. Esta vez, reclama una respuesta más personal y comprometida: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

         A Jesús le importa conocer la opinión que tienen aquellos que están más cerca de él, y han tenido más posibilidades de conocerle mejor. ¿Se aproximarán a lo que él realmente es? ¿Compartirán con la gente esa idea más extendida de Jesús como profeta? ¿O habrán sido capaces de captar algo más? Porque no se trata de que esa idea fuese errónea o deformada.

         A la pregunta de hoy de Jesús a sus discípulos (y vosotros, ¿quién decís que soy yo?), Pedro respondió, quizás como portavoz del grupo: Tú eres el mesías de Dios.

         A juicio de Pedro, pues, Jesús no era un profeta más, ni otro Elías, ni otro Juan Bautista ni cualquier otro profeta (que es lo que pensaba la mayor parte de la gente, a excepción de los enemigos de Jesús), sino que era el Mesías. Decir Mesías era decir Ungido del Señor para llevar a cabo la misión encomendada, y confería una singularidad a Jesús que le colocaba por encima de los profetas.

         Aun reconociendo el acierto de Pedro, Jesús les ordena que no lo digan a nadie. Ya sabemos que la expresión mesías podía dar lugar a equívocos, y prestarse a interpretaciones falsas o abusivas. Y que con ella podía confundirse a Jesús con un líder carismático capaz de emprender una campaña revolucionaria y violenta. Por eso, para no ser motivo de alarma, ni provocar a los dirigentes del pueblo y a las autoridades imperiales, era mejor no divulgarlo.

         Hoy Jesús nos dirige a nosotros la misma pregunta: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Nuestra respuesta será recta opinión (= ortodoxa) si confesamos con Pedro: Tú eres el Mesías de Dios. Pero sólo será verdaderamente correcta (= ortodoxa) si asume como propias las precisiones del mismo Jesús. Es decir, si aceptamos al Mesías que fue y que es, no a un Mesías imaginario o a la medida de nuestros deseos, aspiraciones o intereses.

 Act: 25/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A