26 de Octubre
Lunes XXX Ordinario
Equipo
de Liturgia
Mercabá, 26 octubre 2026
Meditación
La narración de hoy de Lucas se inscribe en el marco de las controversias que Jesús sostuvo con los fariseos a propósito del sábado. En este caso, Jesús también se aprovechó de las instituciones judías (la sinagoga) para difundir su enseñanza y el hoy de la salvación. Como dijo el mismo Jesús en otra ocasión, aludiendo a la profecía de Isaías: Hoy se cumple esta escritura.
Pues bien, nos encontramos hoy a Jesús en la sinagoga, en un día de sábado. También se encontraba allí una mujer que llevaba 18 años enferma, y cuya enfermedad la tenía encorvada. Jesús se da cuenta de ello, y tras llamar a la mujer le dice: Mujer, quedas libre de tu enfermedad. Tras recibir la imposición de manos de Jesús, la mujer quedó al instante restablecida.
Aquello provocó la indignación del jefe de la sinagoga, el cual reúne a la gente y airadamente les dice: Seis días tenéis para trabajar. Venid esos días a que os curen, y no los sábados. El motivo de la indignación era, por tanto, que Jesús había profanado el sábado, al curar en el día sagrado.
Jesús justifica su acción, y contesta al jefe de la sinagoga que se ha limitado a liberar a una hija de Abraham, a la que Satanás había tenido retenida nada menos que 18 años. Evidentemente, Jesús se ha saltado la ley del sábado, pero ¿qué era mejor: liberar misericordiosamente a la mujer, o cumplir la ley sabática?
Posiblemente, Jesús hubiera podido curar a esa mujer de forma más discreta y privada, pero prefirió hacerlo en público y con toda la gente delante. ¿Y por qué? Por su puesto, no para recrearse en la trasgresión de una ley, pero sí para hacer saltar en pedazos la mentalidad legalista de los judíos, que ponían la ley por encima de las personas, y el cómodo cumplimiento formal por encima del incómodo compromiso en hacer el bien.
Por eso Jesús obra públicamente, y a la vista de todos, y razonando su postura y haciéndoles caer en la cuenta de sus propias contradicciones: Hipócritas, ¿no desatáis vosotros al buey o al burro, y lo lleváis a abrevar aunque sea sábado? En efecto, ésta era una de las excepciones a la ley del descanso sabático, la de dar de beber a los animales domésticos. Pues bien, ¿se hace excepción con los animales, y no con una persona enferma?
Ésta es una de las incoherencias en la que incurrís los judíos, sentencia Jesús, porque un animal no puede esperar un sólo día, ¿y esta mujer sí, que lleva ya esperando 18 años? El sábado era ciertamente una ley divina, pero Dios la había dado para beneficio del hombre (el sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado), y no para su perjuicio.
El sábado había sido establecido por Dios para que el hombre pudiese repensar su vida, dedicar tiempo a su familia, disfrutar de la belleza y la amistad. Y un día tan adecuado para esto ¿iba a ser inadecuado para sanar a un enfermo de su enfermedad? Por lo visto, los judíos no habían entendido la medida compasiva y liberadora de Dios, a la hora de establecer sus leyes.
O a lo mejor es que un cúmulo de mentalidades retorcidas habían retorcido las leyes de Dios, en su propio provecho. De hecho, el evangelista nos dice que a estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, mientras que la gente se alegraba de los milagros que hacía. Por lo visto, ésta era la verdadera causa de la incoherencia judía (las mentes retorcidas de sus dirigentes), pues éstos no tardaron mucho en maquinar cómo acabar con Jesús, al verse sometidos a semejantes trances.
De la mentalidad de Jesús respecto de ciertas observancias legales tendríamos que aprender todavía hoy, para no incurrir en los mismos vicios que los dirigentes judíos. Que el Señor nos encuentre receptivos a esta enseñanza.
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