1 de Abril

Miércoles Santo

Equipo de Liturgia
Mercabá, 1 abril 2026

Meditación

         La versión de hoy de Mateo nos informa que Judas Iscariote, antes de reunirse con los demás en la Última Cena, fue a ver a los sumos sacerdotes para proponerles el precio de la traición: ¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego? Por lo visto, Judas quiere sacar el mayor rendimiento posible de su acto de entrega, y así se funden la deslealtad y la codicia.

         Ellos se ajustaron con él en 30 monedas. Y tras lo convenido, sólo quedaba buscar la ocasión más propicia para el arresto, procurando evitar tumultos o alteraciones del orden público. Pero la ocasión se la iba a proporcionar el mismo Jesús retirándose con sus discípulos al huerto de Getsemaní.

         Jesús presiente que su momento está cerca, y se dispone a celebrar su Última Cena con el grupo de los Doce. Con este fin da instrucciones a sus discípulos para que preparen la cena, y al atardecer se puso a la mesa con los Doce. En el trascurso de la misma, Jesús ya no puede contenerse, y confiesa que uno de ellos está a punto de entregarle a los que le buscan para matarle.

         Aturdidos y consternados, aquellos discípulos, quizás conscientes de sus propios miedos, preguntan: ¿Soy yo acaso, Señor? Parecen desconfiar hasta de sí mismos. Y él les da una señal: El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. Tras lo cual añade: El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre! Más le valdría no haber nacido.

         Son palabras proféticas que anuncian graves consecuencias. El traidor consumará su traición, y por él el Hijo del hombre será realmente entregado a la muerte. Pero más le valdría no haber nacido al traidor. Y así fue, tanto que decidió suicidarse.

         Fue la triste historia de uno de los elegidos para formar parte del grupo de los íntimos de Jesús, que tras haber respondido a su llamada no supo mantenerse fiel y se dejó arrastrar por sus ambiciones y codicias, hasta hundirse en el desafecto más ingrato y desconsiderado.

         Judas no es un caso único en la historia de la humanidad, pues ¡cuántas personas se muestran desleales con sus bienhechores y amigos! ¡Cuántos olvidos del bien recibido! ¡Cuántas traiciones y ruindades! ¡Cuántos desafectos hacia los padres, los educadores, los amigos, la Iglesia! ¡Cuántas negaciones y apostasías silenciosas o ruidosas! ¡Y qué halo de tristeza dejan en el ambiente familiar o social!

         Pero el pecado deja siempre su marca (y su cicatriz) en el corazón humano, y hay culpas que pesan tanto que son intolerables. Se trata de heridas que sólo las lágrimas del arrepentimiento y la esperanza en la misericordia divina pueden aliviar y curar.

 Act: 01/04/26     @semana santa         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A