11 de Junio

San Bernabé Apóstol

Equipo de Liturgia
Mercabá, 11 junio 2025

Hch 11,21-26; 13,1-3

         Hoy celebramos al apóstol José, "a quien los apóstoles dieron el sobrenombre de Bernabé", que significa "hijo de la consolación" (Hch 4, 36) y que desde el principio destacó por su generosidad (pues "tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles"; Hch 4,37). Bernabé fue quien llevó a Pablo a los apóstoles, cuando "todos le tenían miedo", y con él abrió el apostolado a todos los pueblos.

         En Antioquía, Bernabé "exhortaba a todos a permanecer en el Señor con un corazón firme", porque era "un hombre bueno, lleno de fe y del Espíritu Santo". De ahí que "una gran muchedumbre se adhirió al Señor" (Hch 11,23-24), porque su celo apostólico fue ejemplar, poniendo en práctica el mandato del Maestro ("id y proclamad que el reino de los cielos está cerca"; Mt 10,7).

         "Separad a Pablo y Bernabé, para una tarea que les tengo asignada" (Hch 13, 2), proclamó el Espíritu Santo. Entonces, ambos fueron a Chipre y Asia Menor, y sufrieron mucho por el Señor. Tuvieron también sus diferencias, y hasta se separaron por motivo de Marcos (que les abandonó a mitad de viaje).

         No obstante, Bernabé supo confiar en Marcos, y lo introdujo al servicio de Pedro. Aprendamos, pues, a no catalogar a la gente para siempre, pues "las almas, como el buen vino, se mejoran con el tiempo" (San José María Escrivá), y "nadie puede ser conocido sino cuando se le ama" (San Agustín).

         Cuando veamos que alguien flaquea o retrocede, perseveremos como Bernabé, sobrenombre que significa "hombre esforzado", y "el que anima y entusiasma". Son características de las que hoy estamos necesitados. Por eso acudimos al Señor con las palabras de la oración colecta de hoy: "Concédenos anunciar fielmente con la palabra y con las obras el evangelio que Bernabé proclamó con valentía".

Llucia Pou

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         La Sagrada Escritura, que tan parca es en elogios y tan dura es en mostrar lo que no agrada a Dios, tiene preciosas palabras de elogio para Bernabé, al que califica de "hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe". Este breve pero elocuente elogio resume, en cierto sentido, el ideal de la vida cristiana.

         "Un hombre bueno". Esto es en lo que consiste la virtud, y el camino para adquirir las virtudes. La bondad es como el resumen de una vida en virtud, que no se cierra sobre sí misma. Para que se pueda decir de alguien "es bueno" se necesita que lo sea y que se le note, y él por sí mismo lo difunda.

         "Lleno del Espíritu Santo". La virtud, entendida en su sentido usual, es básicamente un bien humano, generado desde las posibilidades humanas. No obstante, el mismo corazón del hombre requiere de algo más y de algo mejor. Eso es lo que viene a regalar el Espíritu Santo, que toma todo lo humano y lo eleva a un orden nuevo, el orden de la gracia. Algo así se cuenta de Bernabé.

         "Lleno de fe". Es evidente que la fe queda ya incluida en la acción del Espíritu Santo. ¿Por qué, entonces, se destaca este aspecto como un elogio adicional? Es interesante recordar, en este sentido, la acción del Espíritu en las palabras de Pablo a los corintios: "A uno le es dada palabra de sabiduría por el Espíritu; a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; a otro, dones de sanidad por el único Espíritu" (1Cor 12, 8-9).

         Cuando Pablo se refiere aquí a que el Espíritu "da fe", alude a algo singularmente intenso, a una capacidad de vivir la fe como algo que transforma a una comunidad. ¡Y esto también se predica de Bernabé!

Nelson Medina

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         San Bernabé, compañero de las correrías apostólicas de San Pablo, estableciendo, adoctrinando y confirmando en la fe las primeras comunidades de cristianos, se había destacado pronto como un discípulo generoso y de celo ardiente.

         Se narra en el libro de los Hechos que José, a quien los apóstoles dieron el sobrenombre de Bernabé (que significa "hijo de la consolación"), era levita y chipriota de nacimiento. También se alude a que tenía un campo, y que "lo vendió, trajo el dinero y lo puso a los pies de los apóstoles".

         Desde los primeros días de andadura de la Iglesia, por tanto, Bernabé se manifestó como un cristiano comprometido, que no sólo asentía a la enseñanza de Jesús sino que, en coherencia con su fe y con la nueva vida en Jesucristo, lo ponía todo al servicio de ese ideal.

         Aquel campo vendido y entregado, para aliviar la vida de los más necesitados, fue sólo el comienzo de su entrega por el reino de Dios. Enseguida lo vemos, por tanto, al servicio de la propagación del evangelio, y no sólo dando sus cosas sino su misma vida. Goza así de la total confianza de los apóstoles.

         Lo demuestra el hecho de que, teniendo noticia Bernabé de la conversión de Pablo (antes incluso que los apóstoles), él se encarga personalmente de introducirlo en la comunión con la Iglesia. De hecho, en la Iglesia de Jerusalén no se fiaban de quien pretendía ser apóstol (Pablo) después de haber perseguido atrozmente a los discípulos, hasta hacernos encarcelar. Todos le temían porque no creían que fuera discípulo.

         Sin embargo, Bernabé se llevó a Pablo con él, lo condujo a los apóstoles y les contó cómo había visto al Señor, y qué es lo que le había dicho, y cómo en Damasco había predicado abiertamente en el nombre de Jesús. Gracias a Bernabé, pues, Pablo podía entrar y salir con el resto de discípulos en Jerusalén, hablando claramente en el nombre del Señor.

         El resto de la vida de Bernabé, cargada de una intensísima actividad y de mucho fruto (según nos cuenta Lucas en Hechos de los Apóstoles), será una permanente aventura, con toda la garantía de Dios (que bendecía cada uno de sus pasos) y con todo el abandono humano posible (pues no hubo en este hombre ningún objetivo para sí).

         La motivación de todo este compromiso exclusivo de vida al evangelio, o ilusión única de Bernabé, era ver a Dios, así como glorificarlo haciendo que la gente reconociera en Jesucristo al Salvador. La confianza en Dios, y el olvido de sí, fueron los soportes que mantuvo Bernabé durante toda su vida.

Francisco Fernández

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         Bernabé fue una de esas personas que caen bien en cualquier grupo o comunidad. Recordemos algo de él. Era chipriota, levita, propietario de campos, que vendió para ayudar a la Iglesia de Jerusalén (Hch 4, 36) e hizo de mediador en la presentación de Pablo en Jerusalén (Hch 9, 27). Tenía la confianza de la Iglesia y era buen dialogante en cuestiones disputadas.

          Cuando la Iglesia de Jerusalén se entera de la respuesta positiva de los habitantes de Antioquía frente al evangelio, enviaron a Bernabé, el cual es descrito como "hombre justo y lleno del Espíritu Santo y fe" (Hch 11,24).

         Por eso fue Bernabé el elegido, para dirigir a la Iglesia de Antioquía. ¡Con qué gusto formaba él parte muy activa entre profetas y doctores de Antioquía, y cómo era correspondido por la comunidad! De hecho, él y San Pablo fueron los que promovieron la 1ª gran empresa evangelizadora de la Iglesia de Antioquía y de todo el cristianismo.

         La 1ª lectura narra este inicio de la Iglesia de Antioquía, la cual jugará un papel decisivo en la expansión del cristianismo en la cuenca del Mediterráneo, tal como lo relatan los cap. 13 y 14 de Hechos de los Apóstoles.

         Bernabé era justo, que según el lenguaje teológico del AT significa "persona íntegra y fiel a los mandamientos del Señor". Además, es descrito como alguien "lleno del Espíritu Santo y fe", con lo cual se le coloca en el ámbito del NT y su obra expansiva del evangelio. El Espíritu Santo, en efecto, fue el que actuó eficazmente por mediación de Bernabé, en la predicación del evangelio a los paganos.

         Cuando Bernabé llega a Antioquía se llena de alegría, "al ver lo que había realizado la gracia de Dios" (Hch 11, 23). En los escritos lucanos, el gozo es una de las manifestaciones típicas de la presencia del Espíritu (Lc 1,47; 10,21). Particularmente importante es Lc 10,21, donde se afirma el gozo de Jesús gracias al Espíritu Santo, cuando se entera de la obra realizada por sus discípulos.

         El relato de Hechos añade que Bernabé "exhortaba a todos para que se mantuvieran fieles al Señor" (Hch 11, 23), y más adelante describe el abundante fruto de la predicación y de la exhortación de este hombre: "Una considerable multitud se unió al Señor" (Hch 11, 24).

         ¿Queremos imitar el ejemplo de Bernabé? Para ello, seamos instrumentos de paz en armonía, diálogo, comprensión y audacia. En el s. XXI son muchos los problemas que van surgiendo, incluso en el interior de las comunidades creyentes (igual que sucedía entre Jerusalén y Antioquía). Que Bernabé nos envíe su amor, su celo apostólico, su capacidad de comprensión, su sentido de participación, su comunicación fraterna y su clarificación de las cuestiones en espíritu evangélico.

Dominicos de Madrid

 Act: 11/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A