14 de Septiembre

Exaltación de la Cruz

San Agustín de Hipona
Comentario de Juan, XII, 8.10-11

Introducción

         Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. Así pues, Cristo estaba en la tierra y estaba a la vez en el cielo. Aquí estaba con la carne, allí estaba con la divinidad, mejor dicho, con la divinidad estaba en todas partes. Nacido de madre, no se apartó del Padre.

         Sabido es que en Cristo se dan dos nacimientos: uno divino, humano el otro, uno por el que nos creó y otro por el que nos recreó. Ambos nacimientos son admirables, aquél sin madre y éste sin padre.

         Y puesto que había recibido un cuerpo de Adán (ya que María había recibido un cuerpo de Adán, pues María desciende de Adán) y este cuerpo él habría de resucitarlo, se refirió a la realidad terrena cuando dijo: "Destruiré este templo, y en tres días lo levantaré".

         Con esto último, se estaba refiriendo a la realidad celeste, al decir: "El que no nazca de agua y de Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". ¡Animo, hermanos! Dios ha querido ser Hijo del hombre y ha querido que los hombres sean hijos de Dios. El bajó por nosotros, así que subamos nosotros por él.

         Efectivamente, bajó y murió, y su muerte nos libró de la muerte. La muerte lo mató y él mató a la muerte. Y ya lo sabéis, hermanos: "por envidia del diablo entró esta muerte en el mundo". Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes, sino que todo lo creó para que subsistiera.

         Pero ¿qué es lo que dice poco después? Que "por envidia del diablo entró la muerte en el mundo". El hombre no se hubiera acercado, coaccionado, a la muerte con que el diablo le brindaba. Con todo, el diablo no tiene efectivamente poder coactivo, pero sí astucia persuasiva. Y si no hubieses consentido tú, nada te hubiera hecho el diablo, así que tu consentimiento, oh hombre, te condujo a la muerte.

         De un mortal nacimos mortales, y de inmortales nos hicimos mortales. Todos los hombres nacidos de Adán son mortales, y el mismo Jesús, Hijo de Dios y Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se hizo mortal, pues "la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros".

         Jesús asumió, pues, la muerte y la suspendió en la cruz, librando así a los mortales de esa misma muerte. Lo que en figura sucedió a los antiguos, lo recuerda el Señor: "Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna". Gran misterio éste, ya conocido por quienes han leído la Escritura.

         Oíganlo también los que no la han leído y los que, habiéndola leído o escuchado, la han olvidado. Estaba siendo diezmado el pueblo de Israel en el desierto a causa de las mordeduras de las serpientes, y la muerte hacía verdaderos estragos. Se trataba del castigo de Dios, que corrige y flagela para instruir.

         Con aquel misterioso signo se prefiguraba lo que iba a suceder en el futuro. Lo afirma el mismo Señor en este pasaje, a fin de que nadie pueda interpretarlo de modo diverso al que nos indica la misma Verdad, refiriéndolo a sí mismo en persona.

         En efecto, el Señor ordenó a Moisés que hiciera una serpiente de bronce, la colocara en un estandarte en medio del desierto, y advirtiera al pueblo de Israel que si alguno era mordido por una serpiente, mirara a la serpiente alzada en el madero.

         ¿Qué representa la serpiente levantada en alto? La muerte del Señor en la cruz. Por la efigie de una serpiente era representada la muerte, precisamente porque de la serpiente provenía la muerte. La mordedura de la serpiente es mortal; la muerte del Señor es vital.

         ¿No es Cristo la vida? Y sin embargo, Cristo murió. Pero en la muerte de Cristo encontró la muerte su muerte. Sí, muriendo, la vida mató la muerte, la plenitud de la vida se tragó la muerte, la muerte fue absorbida en el cuerpo de Cristo. Lo mismo diremos nosotros en la resurrección, cuando cantemos ya triunfalmente: "¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?".

         Mientras tanto, hermanos, miremos a Cristo crucificado para sanar de nuestro pecado.

 Act: 14/09/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A