4 de Julio

Santa Isabel de Portugal

San Pedro Crisólogo
Homilía sobre la Paz

Oficio, II

         "Dichosos los que trabajan por la paz", dice Jesús, amadísimos hermanos, porque "ellos se llamarán los hijos de Dios". Con razón cobran especial lozanía las virtudes cristianas en aquel que posee la armonía de la paz cristiana, y no se llega a la denominación de hijo de Dios si no es a través de la práctica de la paz.

         La paz, amadísimos hermanos, es la que despoja al hombre de su condición de esclavo y le otorga el nombre de libre y cambia su situación ante Dios, convirtiéndolo de criado en hijo, de siervo en hombre libre. La paz entre los hermanos es la realización de la voluntad divina, el gozo de Cristo, la perfección de la santidad, la norma de la justicia, la maestra de la doctrina, la guarda de las buenas costumbres, la que regula convenientemente todos nuestros actos.

         La paz recomienda nuestras peticiones ante Dios y es el camino más fácil para que obtengan su efecto, haciendo así que se vean colmados todos nuestros deseos legítimos. La paz es madre del amor, vínculo de la concordia e indicio manifiesto de la pureza de nuestra mente. La paz alcanza de Dios todo lo que quiere, ya que su petición es siempre eficaz.

         Cristo, el Señor, nuestro rey, es quien nos manda conservar esta paz, ya que él ha dicho: "La paz os dejo, mi paz os doy", lo que equivale a decir: Os dejo en paz, y quiero encontraros en paz. Lo que nos dio al marchar quiere encontrarlo en todos cuando vuelva.

         El mandamiento celestial nos obliga a conservar esta paz que se nos ha dado, y el deseo de Cristo puede resumirse en pocas palabras: volver a encontrar lo que nos ha dejado. Es decir, que plantar y hacer arraigar la paz es cosa de Dios, y arrancarla de raíz es cosa del enemigo. En efecto, así como el amor fraterno procede de Dios, así el odio procede del demonio. Por eso, debemos apartar de nosotros toda clase de odio, pues dice la Escritura: "El que odia a su hermano es un homicida".

         Veis, pues, hermanos muy amados, la razón por la que hay que procurar y buscar la paz y la concordia. Estas virtudes son las que engendran y alimentan la caridad. Sabéis, como dice San Juan, que el amor es de Dios. Por consiguiente, el que no tiene este amor vive apartado de Dios.

         Observemos, por tanto, hermanos, estos mandamientos de vida, y hagamos por mantenernos unidos en el amor fraterno. Hagámoslo mediante los vínculos de una paz profunda y el nexo saludable de la caridad, que cubre la multitud dedos pecados. Todo vuestro afán ha de ser la consecución de este amor, capaz de alcanzar todo bien y todo premio.

         La paz es la virtud que hay que guardar con más empeño, ya que Dios está siempre rodeado de una atmósfera de paz. Amad la paz, y hallaréis en todo la tranquilidad del espíritu. De este modo, aseguráis nuestro premio y vuestro gozo, y la Iglesia de Dios, fundamentada en la unidad de la paz, se mantendrá fiel a las enseñanzas de Cristo.

 Act: 04/07/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A