8 de Enero

Día 8 de Enero

San Fulberto de Chartres
Epistolario, V

Oficio, II

         No es difícil sopesar la diversidad de naturalezas en Cristo. En efecto, una es la naturaleza en que "nació de una mujer, nació bajo la ley", y otra por la que "en el principio estaba junto a Dios".

         Una es la naturaleza por la que, engendrado de la virgen María, vivió humilde en la tierra, y otra por la que, eterno y sin principio, creó el cielo y la tierra. Una es la naturaleza en la que fue presa de la tristeza, el cansancio le rindió, padeció hambre y lloró. Otra es la naturaleza en virtud de la cual curó paralíticos, hizo caminar a los tullidos, dio la vista al ciego de nacimiento, calmó con su imperio las turgentes olas y resucitó muertos.

         Quien desee llevar el nombre de cristiano con coherencia, y sin perjuicio personal, que confiese en Cristo estas dos naturalezas, y que a la vez es verdadero Dios y hombre verdadero. Una vez asegurada la verdad de las dos naturalezas, la fe verdadera no confunde ni divide a Cristo, verdadero en los dolores de su humanidad y verdadero en los poderes de su divinidad.

         En Cristo la unidad de persona no tolera división, y la realidad de su doble naturaleza no admite confusión. En él no subsisten separados Dios y hombre, sino que Cristo es al mismo tiempo Dios y hombre. Efectivamente, Cristo es el mismo Dios que con su divinidad destruyó la muerte. Es el mismo Hijo de Dios que no podía morir en su divinidad, y murió en la carne mortal que el Dios inmortal había asumido. Este mismo Cristo, Hijo de Dios, murió en la carne y resucitó, pues nunca perdió la inmortalidad de su divinidad.

         Siendo nosotros pecadores por el primer nacimiento, el segundo nos ha purificado. Siendo cautivos por el primer nacimiento, el segundo nos ha liberado. Siendo terrenos por el primer nacimiento, el segundo nos hace celestes. Siendo carnales por el vicio del primer nacimiento, el beneficio del segundo nacimiento nos hace espirituales. Por el primer nacimiento somos hijos de la ira, y por el segundo nacimiento somos hijos de la gracia.

         Todo el que atenta contra la santidad del bautismo, que sepa que está ofendiendo al mismo Dios que dijo: "El que no nazca de agua y Espíritu no puede entrar en el reino de Dios".

         Conozcamos bien, por tanto, la profundidad del misterio del bautismo, del que el apóstol afirma: "Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él". Morir y ser sepultados con Cristo tiene como meta poder resucitar con él, para poder vivir con él.

 Act: 08/01/26     @tiempo de navidad         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A