8 de Marzo
Domingo III de Cuaresma
San Agustín de Hipona
Sobre el
evangelio de Juan, XV, 10-17
Introducción
"Llega una mujer", dice la Escritura. Se trata de una figura de la Iglesia, no santa aún, pero sí a punto de serlo. La mujer llegó sin saber nada, encontró a Jesús, y él se puso a hablar con ella. Veamos cómo y por qué.
La mujer "era de Samaria" y llega "para sacar agua". Los samaritanos no tenían nada que ver con los judíos, y no eran del pueblo elegido. Esto ya significa algo: que aquella mujer, que representaba a la Iglesia, era una extranjera, y que la Iglesia iba a ser constituida por gente extraña al pueblo de Israel.
Pensemos, pues, que aquí se está hablando ya de nosotros, y reconozcámonos en la mujer (como incluidos en ella), dando gracias a Dios. La mujer no era más que una figura, y no era la realidad. Sin embargo, ella sirvió de figura, y luego vino la realidad. Llegó, pues, a sacar agua.
Jesús le dice: "Dame de beber", sabiendo que sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: "¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?", pues los judíos no se tratan con los samaritanos.
Como ejemplo simple, los judíos no querían ni siquiera usar las vasijas de los samaritanos. Y como aquella mujer llevaba una vasija para sacar el agua, se asombró de que un judío le pidiera de beber, pues no acostumbraban a hacer esto los judíos. Realmente, aquel judío tenía sed, pero no tanto de agua sino de la fe de aquella mujer.
Fíjate ahora en quién era aquel que le pedía de beber. En efecto, Jesús le dijo: "Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva". Es decir, le pedía de beber, y fue él mismo quien prometió darle el agua. Se presenta como quien tiene indigencia y pide algo, y le promete abundancia, como quien está dispuesto a dar hasta la saciedad.
A pesar de que no habla aún claramente a la mujer, ya va penetrando poco a poco en su corazón, y ya la está adoctrinando. Y si no, ¿podría encontrarse algo más suave y más bondadoso que esta exhortación: "Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva"?
¿De qué agua iba a darle, sino de aquella de la que está escrito: "En ti está la fuente viva"? Y ¿cómo podrán tener sed los que se nutren de lo sabroso de tu casa? De manera que, lo que le estaba ofreciendo Jesús a esa mujer, era un manjar apetitoso, y la saciedad del Espíritu Santo.
Ella no lo acababa de entender, y como no le entendía, ¿qué respondió? La mujer le dice: "Señor, dame esa agua, y así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla". Por una parte, su indigencia la forzaba al trabajo; por otra, su debilidad rehuía el trabajo.
Ojalá hubiera podido escuchar aquella mujer eso de: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré". Esto era precisamente lo que Jesús quería darle a entender, para que no se sintiera ya agobiada. Pero la mujer aún no lo entendía.
Act:
08/03/26
@tiempo
de cuaresma
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
![]()