19 de Abril
Domingo III de Pascua
San Agustín de Hipona
Homilías, CCXXXIV, 1-2
Introducción
Estos días leemos el relato de la resurrección del Señor, según los cuatro evangelistas. Es necesario leerlos a todos, porque cada evangelista por separado no lo dijo todo, sino que lo que uno omite lo dice el otro. Y de tal manera se completan unos a otros, que todos son necesarios.
El evangelista Marcos apenas sí esbozó lo que Lucas ha narrado más ampliamente respecto de aquellos dos discípulos, que no eran del grupo de los Doce, y que sin embargo eran discípulos. A ellos el Señor se apareció cuando iban de camino, y "se puso a caminar con ellos".
Marcos se limita a decir que el Señor se apareció a dos de ellos que iban de viaje. En cambio, el evangelista Lucas nos cuenta todo lo que les dijo, lo que les respondió, hasta dónde caminó con ellos y cómo le reconocieron en la fracción del pan.
¿Qué es, hermanos, lo que aquí se debate? Afianzarnos en la fe que nos asegura que Cristo, el Señor, ha resucitado. Ya creíamos cuando hemos escuchado el evangelio, y al entrar hoy en esta iglesia éramos ya creyentes. Sin embargo, no sé por qué se oye siempre con gozo lo que nos refresca la memoria.
¿Cómo no va a alegrarse nuestro corazón, desde el momento en que nos parece ser mejores que estos dos que van de camino, y a quienes el Señor se aparece? Nosotros creemos lo que ellos todavía no creían, y ellos habían perdido la esperanza, mientras que nosotros no abrigamos duda alguna sobre lo que para ellos constituía motivo de duda.
Habían perdido la esperanza porque el Señor había sido crucificado. Así lo dan a entender sus palabras, cuando Jesús les dijo: "¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?". Ellos le contestaron: "¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí?". Él les preguntó: "¿Qué ha pasado?". Preguntaba aun sabiéndolo todo de sí mismo, mas deseaba estar con ellos, y por eso les preguntó ¿qué ha pasado?
Ellos le contestaron: "Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, mas los sumos sacerdotes lo entregaron para que lo crucificaran, hace tres días". Y continuaron diciendo: "Nosotros esperábamos...". ¿Esperabais? ¿Luego ya no esperáis? ¿A esto se reduce vuestra condición de discípulos? ¿Os supera el ladrón en la cruz? Porque vosotros habéis olvidado a vuestro Maestro, mientras él reconoció al que pendía en la cruz.
Nosotros esperábamos... pero ¿qué es lo que esperaban? Que él fuera el futuro liberador de Israel. Así, lo que esperabais, lo perdisteis, mientras que el ladrón crucificado lo consiguió cuando dijo: "Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino".
Realmente, él era el futuro liberador de Israel. Pero aquella cruz era una escuela, y en ella el Maestro adoctrinó al ladrón. El leño del que pendía fue la cátedra en la que le enseñó. Que el que os ha sido restituido, haga renacer la esperanza en vosotros, como así sucedió.
Con todo, recordad, carísimos, cómo el Señor Jesús quiso ser reconocido "al partir el pan", por aquellos cuyos ojos "eran incapaces de reconocerlo". Los fieles comprenden lo que quiero decir, pues también ellos reconocen a Cristo en la fracción del pan. No cualquier pan se convierte en el cuerpo de Cristo, sino tan sólo el que recibe la bendición de Cristo.
Act:
19/04/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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