23 de Abril
Jueves III de Pascua
San Lucas
Hechos de Apóstoles 10, 1-33
Oficio, I
Vivía en Cesarea un cierto Cornelio, capitán de la compañía itálica. Era devoto y adepto a la religión judía, como toda su familia, daba muchas limosnas al pueblo y oraba regularmente.
A eso de la media tarde tuvo una visión, y vio al ángel de Dios que entraba en su cuarto y le decía: "¡Cornelio!". Él se quedó mirándolo, y le preguntó asustado: "¿Qué quieres, Señor?". El ángel le contestó: "Tus oraciones y tus limosnas han llegado hasta Dios, y las tiene presentes. Ahora envía a alguien a Jafa en busca de un tal Simón Pedro. Vive en casa de cierto Simón, curtidor, que vive junto al mar".
Cuando se marchó el ángel, Cornelio llamó a dos criados y a un soldado devoto, ordenanza suyo. Les refirió todo y los mandó a Jafa.
Al día siguiente, hacia el mediodía, mientras ellos iban de camino, cerca ya de la ciudad, subió Pedro a la azotea a orar, pero sintió hambre y quiso tomar algo. Mientras se lo preparaban, tuvo un éxtasis y vio el cielo abierto y una cosa que bajaba, una especie de toldo enorme que por los cuatro picos llegó a alcanzar el suelo. Había dentro del toldo todo género de cuadrúpedos, reptiles y pájaros.
Una voz le dijo: "Anda, Pedro, mata y come". Pedro replicó: "Ni pensarlo, Señor, nunca he comido nada profano o impuro". Por segunda vez, la voz le dijo: "Lo que Dios ha declarado puro no lo llames tú profano". Esto se repitió tres veces, y en seguida se llevaron el toldo al cielo. Pedro no acertaba a explicarse el sentido de aquella visión.
Mientras tanto, los emisarios de Cornelio, que habían andado buscando la casa de Simón, se presentaron en el portal, y dando una voz preguntaron si paraba allí el Simón al que llamaban Pedro. Pedro seguía dándole vueltas a la visión, cuando el Espíritu le dijo: "Hay unos hombres que te buscan. Date prisa, baja y vete con ellos sin reparos, que los he enviado yo".
Pedro bajó a abrirles, y les dijo: "Aquí estoy, yo soy el que buscáis. ¿Qué os trae por aquí?". Ellos contestaron: "El capitán Cornelio, hombre recto y adepto al judaísmo, recomendado por toda la población judía, ha recibido aviso de un ángel encargándole que te mande llamar para que vayas a su casa y él escuche lo que tú le digas".
Pedro les invitó a entrar, y les dio alojamiento. Al día siguiente se puso en camino con ellos, acompañado de algunos hermanos de Jafa, y al otro día llegaron a Cesarea.
Cornelio les estaba aguardando, y había reunido a sus parientes y amigos íntimos. Cuando iba a entrar Pedro, Cornelio salió a su encuentro y se echó a sus pies a modo de homenaje. Pedro lo levantó, diciendo: "Levántate, que también yo soy un simple hombre".
Pedro entró en la casa conversando con Cornelio, y allí encontró a muchas personas reunidas. Les dijo: "Sabéis que a un judío le está prohibido tener trato con extranjeros o entrar en su casa. No obstante, a mí me ha enseñado Dios a no llamar profano o impuro a ningún hombre. Por eso, cuando me habéis mandado llamar, no he tenido inconveniente en venir. Ahora quisiera saber el motivo de la llamada".
Cornelio contestó: "Hace cuatro días estaba yo rezando en mi casa a esta misma hora, a media tarde, cuando se me presentó un hombre vestido espléndidamente, que me dijo: Cornelio, Dios ha escuchado tu oración y tiene presentes tus limosnas. Manda alguien a Jafa e invita a venir a Simón Pedro, que vive en casa de Simón el curtidor, junto al mar. Te mandé recado en seguida, y tú has tenido la amabilidad de presentarte aquí. Ahora aquí nos tienes a todos delante de Dios, para escuchar lo que el Señor te haya encargado decirnos".
Act:
23/04/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
![]()