20 de Abril

Lunes III de Pascua

San Clemente de Alejandría
Pedagogo, I, VI, 26-27.30-31

Oficio, II

         Bautizados, somos iluminados. Iluminados, recibimos la adopción filial. Adoptados, se nos conduce a la perfección. Perfeccionados, se nos da el don de la inmortalidad. En efecto, dice la Escritura que somos "dioses e hijos del Altísimo todos".

         Esta operación de la divinidad recibe los nombres de gracia, iluminación, perfección y baño. Baño, porque en él nos purificamos de nuestros pecados. Gracia, porque nos condona las penas debidas por el pecado. Iluminación, porque nos facilita la visión de aquella santa y salvífica luz (esto es, la contemplación de Dios). Perfección, porque no carece de nada.

         Hermanos, si Dios es perfecto, sería absurdo llamar "gracia de Dios" a una gracia que no sea perfecta en todos los sentidos. Efectivamente, el que es perfecto distribuye normalmente dones perfectos.

         En el plano de la palabra, Dios lo ordenó todo y todo vino a la existencia. En el plano de la gracia, basta que él quiera otorgarla para que esa gracia sea plenamente otorgada. Lo que ha de suceder en un futuro, Dios puede anticiparlo en el presente, si ésa es su voluntad.

         La liberación de los males es ya el comienzo de la salvación. Por ello, no bien hemos pisado los umbrales de la vida, cuando ya somos perfectos. Sí, hermanos, comenzamos a vivir en el instante mismo en que se nos separa de la muerte. Por tanto, nada más empezar a seguir a Cristo ya caminamos en salvación.

         Lo que Cristo hace, él lo mantiene vivo. Pues bien, nos dice el Señor, que "quien escucha mi palabra, y cree, posee la vida eterna, y ha pasado de la muerte a la vida". Así pues, el mero hecho de creer, y de ser regenerado, es la perfección en la vida, pues Dios jamás es deficiente.

         El mismo querer de Dios es ya una realidad. Así sucedió con el mundo, y así sucede ahora con su proyecto de salvación, que es el que lleva el nombre de Iglesia. "A los que él llamó, salvó", nos dice Pablo, porque a un mismo tiempo los llamó y los salvó. Respecto a este "habéis sido instruidos por Dios", del apóstol, sería blasfemo considerar imperfecta la enseñanza del mismo Dios.

         Apenas uno es regenerado cuando (como su mismo nombre lo indica) queda iluminado, e inmediatamente liberado de las tinieblas, e inmediatamente gratificado con la luz. Somos totalmente lavados de nuestros pecados y, de forma instantánea, dejamos de ser malos. Esta es la gracia singular de la iluminación, en que nuestra conducta cambia cuando asciende de las aguas bautismales. 

         Dado que el conocimiento se origina a la vez que la iluminación (en concreto, ilustrando la mente), y los que éramos rudos e ignorantes inmediatamente nos oímos llamar discípulos, ¿es esto debido a que la iniciación susodicha se nos dio previamente? Es imposible precisar el momento, hermanos. Lo cierto es que la catequesis conduce a la fe, y la fe nos la enseña el Espíritu Santo junto con el bautismo. 

         Sobre que la fe es el único y universal camino de salvación de la naturaleza humana, y que la ecuanimidad y comunión del Dios justo y filántropo es la misma para con todos, lo expuso claramente Pablo cuando dijo: "Antes de que llegara la fe éramos prisioneros de la ley, esperando que la fe se revelase. Así, la ley fue nuestro pedagogo, hasta que llegó Cristo y Dios nos aceptó por la fe. Una vez que la fe ha llegado, ya no estamos sometidos al pedagogo".

         ¿No acabáis de oír que "ya no estamos bajo la ley del temor", sino bajo el Logos y su pedagogía del libre albedrío? Sí, "todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús", y "los que os habéis incorporado a Cristo por el bautismo os habéis revestido de Cristo", y "ya no hay distinción entre judíos y gentiles esclavos y libres, hombres y mujeres", y "todos sois uno en Cristo Jesús".

 Act: 20/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A