12 de Abril

Domingo II de Pascua

Anónimo del s. III
Homilías, LIX, 723-724

Oficio, II

         La Pascua que celebramos es el origen de la salvación de todos los hombres, empezando por el primero de ellos: Adán, que pervive aún en todos los hombres y en nosotros aún recobra la vida.

         Aquellas instituciones temporales que existían al principio, para prefigurar la realidad presente, eran sólo imagen y prefiguración parcial e imperfecta de lo que ahora aparece. Una vez presente la realidad, conviene que su imagen se eclipse, del mismo modo que, cuando llega el rey, a nadie se le ocurre venerar su imagen sin hacer caso de su persona.

         En nuestro caso, es evidente hasta qué punto la imagen supera la realidad, puesto que aquélla conmemoraba la momentánea preservación (de los primogénitos judíos) mientras que ésta celebra la vida eterna (de todos los hombres).

         No es gran cosa escapar de la muerte por un cierto tiempo, si poco después hay que morir. Sí lo es, en cambio, poderse librar definitivamente de la muerte. Éste es nuestro caso, desde que Cristo, nuestra Pascua, se inmóló por nosotros.

         El nombre mismo de esta fiesta indica ya algo muy grande si lo explicamos de acuerdo con su verdadero sentido. Pascua significa paso, ya que el exterminador que hería a los primogénitos de los egipcios "pasaba de largo" ante las casas de los hebreos. En nuestro caso, el exterminador vuelve a pasar de largo, porque pasa sin tocarnos, una vez que Cristo nos ha resucitado a la vida eterna.

         ¿Qué significa el hecho de que la Pascua y la salvación de los primogénitos tuvieron lugar en el comienzo del año? Sin duda, significa esto: que también para nosotros el sacrificio de la verdadera Pascua es el comienzo de la vida eterna.

         El año viene a ser como un símbolo de la eternidad, por cuanto sus estaciones se repiten sin cesar y va describiendo un círculo que nunca finaliza. Cristo es quien abolió toda nuestra vida pasada y, por el bautismo, nos dio una vida nueva, realizando en nosotros como una imagen de su muerte y de su resurrección.

         Así pues, todo aquel que sabe que la Pascua ha sido inmolada por él, que sepa también que para él la vida empezó en el momento en que Cristo se inmoló para salvarle. Cristo se inmoló por nosotros si confesamos la gracia recibida, y reconocemos que la vida nos ha sido devuelta por este sacrificio.

         Quien llegue al conocimiento de esto debe esforzarse en vivir de esta vida nueva, y no pensar ya en volver otra vez a la antigua, puesto que la vida antigua ha llegado a su fin. Por ello dice la Escritura: "Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo vamos a vivir más en pecado?".

 Act: 12/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A