19 de Enero

Lunes II Ordinario

San Clemente de Roma
Carta a los Corintios, II-III

Oficio, II

         Hermanos, antes erais todos humildes, completamente curados de la vanagloria, más amigos de obedecer que de mandar, más solícitos en dar que en recibir. Contentos con el viático de Cristo, y cordialmente atentos a su enseñanza, habíais diligentemente aceptado sus palabras con amor, teniendo siempre ante vuestros ojos sus padecimientos.

         A todos vosotros os fue otorgada una paz profunda y radiante, junto con un insaciable deseo de hacer el bien. Sobre todos descendió la plena efusión del Espíritu Santo. Llenos de su santa decisión, y de una sincera disposición de ánimo, levantabais con piadosa confianza vuestras manos al Dios omnipotente, suplicándole que os fuera propicio en lo que involuntariamente habíais pecado.

         Día y noche os mostrabais solícitos por la fraternidad universal, para que los elegidos de Dios obtuvieran la salvación mediante la misericordia y la conciencia. Erais sinceros y sencillos, perdonándoos mutuamente las ofensas. Teníais por abominable cuanto oliese a sedición o ruptura. Os dolíais de los pecados de los demás, y considerabais como vuestros sus defectos. Jamás os arrepentisteis de haber hecho el bien, "dispuestos a toda forma de trabajo honrado".

         Adornados de un comportamiento tan virtuoso en toda la línea, y digno de veneración, os conducíais según el temor de Dios, cuyos mandamientos y preceptos llevabais escritos en la amplitud de vuestro corazón. Se os había otorgado el honor y la amplitud de corazón, pero se cumplió lo escrito: "Comió y bebió hasta saciarse, engordó mi cariño y tiró coces".

         De aquí nacieron celos y envidias, contiendas y bandos, persecuciones y sediciones, guerra y cautividad. Así, los sin honor se alzaron contra los honrados, los sin gloria contra los cubiertos de gloria, los necios contra los sabios, los jóvenes contra los ancianos.

         Por esta razón se exiliaron de vosotros la justicia y la paz, por haber abandonado cada cual el temor de Dios. Vuestra fe se oscureció por no andar por los caminos de los mandamientos, ni vivir una vida digna de Cristo. Cada uno empezó a moverse tras los apetitos de su depravado corazón, reasumiendo aquella inicua e impía envidia por la que la muerte entró en el mundo.

 Act: 19/01/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A