13 de Abril

Lunes II de Pascua

San Lucas
Hechos de Apóstoles 4,32-5,16

Oficio, I

         En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo, lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles, tras lo cual se distribuía según lo que necesitaba cada uno.

         José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió, tras lo cual llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.

         Un tal Ananías vendió una propiedad, de acuerdo con su mujer Safira. A sabiendas de ella, retuvo parte del precio y puso el resto a disposición de los apóstoles. Pedro le dijo: "Ananías, ¿cómo es que Satanás se te ha metido dentro? ¿Por qué has mentido al Espíritu Santo reservándote parte del precio de la finca? ¿No podías tenerla para ti sin venderla? Y si la vendías, ¿no eras dueño de quedarte con el dinero? ¿Cómo se te ha ocurrido hacer eso? No has mentido a los hombres, sino a Dios".

         A estas palabras, Ananías cayó al suelo y expiró, y todos los que se enteraban quedaban sobrecogidos. Fueron los jóvenes, lo amortajaron y lo llevaron a enterrar.

         Unas tres horas más tarde llegó la mujer, que ignoraba lo sucedido. Pedro le preguntó: "Dime, ¿vendisteis la finca por tanto?". Contestó ella: "Sí, por tanto". Pedro repuso: "¿Por qué os pusisteis de acuerdo para poner a prueba al Espíritu del Señor? Mira, los que han enterrado a tu marido están ya pisando el umbral para llevarte a ti".

         En el acto, Safira cayó a sus pies y expiró. Al entrar los mozos la encontraron muerta, se la llevaron y la enterraron junto a su marido. La comunidad entera quedó espantada, y lo mismo todos los que se enteraron.

         Los apóstoles hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los fieles se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón. Los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos. Más aún, crecía el número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor.

         La gente sacaba los enfermos a la calle y los ponían en catres y camillas, para que al pasar Pedro su sombra cayera sobre alguno. Mucha gente de los alrededores acudían a Jerusalén, llevando enfermos y poseídos de espíritu inmundo, y todos se curaban.

 Act: 13/04/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A