14 de Abril
Martes II de Pascua
Autor del s. III
Homilías, PG, XXVIII
Oficio, II
Para que en adelante nadie quedara en los infiernos, allí descendió Cristo en persona. Sirviéndose de la carne de que estaba revestido, como cebo contra el infierno y derrocando su imperio con el poder de la deidad, en un momento rasgó el antiguo recibo de la ley y condujo a los hombres al cielo. Los condujo al cielo, o lugar que desconoce la muerte, albergue de la incorrupción, casa de la justicia.
En el marco de estos bienes has sido bautizado tú, oh recién iluminado. La iniciación se ha convertido para ti en prenda de resurrección, y el bautismo es ya para ti una garantía de la futura vida en el cielo. Mediante la inmersión en el agua has imitado el sepulcro del Señor. De ellas has vuelto a emerger, viendo las obras de la resurrección. Recibe ahora la realidad misma de los bienes cuyos símbolos contemplaste.
Toma como testigo lo dicho por Pablo, quien se expresa así: "Si hemos sido injertados a él en una muerte como la suya, también lo seremos en una resurrección como la suya". Bellamente dice injertados, ya que el bautismo es un injerto para la inmortalidad, plantado en la pila bautismal, con frutos de cielo y donde la gracia del Espíritu actúa de manera misteriosa.
Por tu parte, oh hermano, cuídate de minusvalorar el milagro o de confundirlo con las leyes operativas de la naturaleza. En este sentido, el agua tiene un fin utilitario, mientras que la gracia opera la regeneración y da nueva forma al que se sumerge en la pila bautismal, como en el seno materno. En el agua, como en una fragua, la gracia forja al que a ella desciende, le obsequia con los misterios de la inmortalidad y le confiere el sello de la resurrección.
La misma túnica bautismal te ofrece, oh recién iluminado, los símbolos de estos prodigios. Contémplate a ti mismo como portador de las imágenes de estos bienes. La túnica, espléndida y fúlgida, te esboza las señales de la inmortalidad. El paño blanco ciñe tu cabeza a manera de diadema, y te predica la libertad. La mano lleva las insignias de la victoria alcanzada sobre el diablo.
Cristo te presenta ya resucitado, ahora por medio de símbolos y en el futuro en su plena realidad, a condición de no manchar con el pecado la túnica de la fe, de no extinguir con tus malas acciones la lámpara de la gracia, de conservar la corona del Espíritu. Entonces el Señor, con voz terrible a la vez que placentera para los hombres, clamará desde el cielo: "Venid, vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo".
Act:
14/04/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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