15 de Marzo

Domingo IV de Cuaresma

San Ambrosio de Milán
Epistolario, LXXX, 1-6

Introducción

         Has escuchado, hermano, la lectura del evangelio, en la que se narra que, al pasar el Señor Jesús, vio a un ciego de nacimiento. El Señor lo vio y no pasó de largo. Por consiguiente, tampoco nosotros debemos pasar de largo junto al ciego que el Señor juzgó no evitar, máxime tratándose de un "ciego de nacimiento", detalle éste que no en vano el evangelista subrayó.

         En efecto, existe una ceguera que reduce la capacidad visual, y es ordinariamente provocada por una enfermedad. Y existe una ceguera causada por una exudación humoral, que en ciertas ocasiones, y suprimida la causa, puede ser curada por la ciencia médica.

         Digo esto para que te des cuenta que la curación de este "ciego de nacimiento" no es fruto de la habilidad médica, sino del poder divino. En efecto, el Señor confirió el don de la salud, mas no ejerció la medicina, y sanó a los que ningún otro médico consiguió curar.

         Corresponde al Creador, efectivamente, rectificar las deficiencias de la naturaleza, puesto que él es autor de la misma. Por eso añadió Jesús: "Mientras estoy en el mundo, yo soy la luz del mundo", que es como si dijera: Todos los ciegos podrán recuperar la vista, con tal de que me busquen a mí, que soy la luz. Contempladlo también vosotros y "quedaréis radiantes", de modo que podáis ver.

         A continuación, una pregunta: ¿Qué sentido tiene que, quien devolvía la vida con poder, y proporcionaba la salud mediante una orden, diciendo al muerto "ven afuera" (y Lázaro salió del sepulcro), o al paralítico "levántate y coge tu camilla" (y el paralítico se levantó, y comenzó a transportar su propia camilla), en este caso escupiera e hiciera barro, y se lo untara en los ojos al ciego, y le dijera: "Ve a lavarte a la piscina de Siloé"? ¿Cuál es la razón de todo esto?

         La razón es sólo una, y muy importante, si no me engaño: que ve más aquel a quien Jesús toca, pues esto considera al mismo tiempo su divinidad y su fuerza santificadora.

         Como luz, Jesús tocó e infundió. Como sacerdote, llevó a cabo los misterios de la gracia espiritual. Escupió para que advirtieras que el interior de Cristo es luz, y que ve realmente quien es purificado por lo que procede del interior de Cristo. Lava su saliva, lava su palabra, como está escrito: "Vosotros estáis limpios, por las palabras que os he hablado".

         El que hiciera barro y se lo untara en los ojos al ciego, ¿qué otra cosa significa, sino que debes caer en la cuenta de que es uno mismo el que devolvió al hombre la salud (untándole con barro), y el que de barro modeló al hombre? ¿Y qué es sino que la carne de nuestro barro recibe la luz de la vida eterna, mediante el sacramento del bautismo?

         Ve tú también a Siloé. Esto es, al enviado del Padre, según aquello: "Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado". Que te lave Cristo, para que veas. Acude al bautismo, que es el momento oportuno. Acude presuroso, para que puedas decir: "Fui, me lavé y empecé a ver", y para que también tú puedas repetir: "Era ciego y ahora veo", y para que tú puedas decir como dijo aquel inundado de luz: "La noche está avanzada, el día se echa encima".

 Act: 15/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A