15 de Marzo

Domingo IV de Cuaresma

Eusebio de Cesarea
Demostración Evangélica, V, 3

Oficio, II

         Reflexionemos sobre las palabras "tú eres sacerdote eterno". Como veis, no se dice: Serás lo que antes no eras. No, ni tampoco se dice: Lo que antes eras, ahora no eres. En concreto, lo que viene a decirse es: Tú eres y seguirás siendo sacerdote eterno, únicamente por voluntad de aquel que dijo "yo soy el que soy".

         Como su sacerdocio no comenzó en el tiempo, ni Cristo procede de la tribu de Leví, ni fue ungido con un óleo material, su sacerdocio no tendrá fin ni será establecido sólo para los judíos, sino para todos los pueblos. Por todas estas razones, la Escritura desvincula a Cristo del sacerdocio levítico (que tenía valor de figura) y lo proclama sacerdote según el rito de Melquisedec.

         Ciertamente, es maravillosa la realidad de este símbolo, para quien observe cómo nuestro Salvador Jesús (el Ungido de Dios) cumple, según el rito de Melquisedec, y a través de sus ministros, todo lo que hace referencia al sacerdocio que se ejerce entre los hombres.

         Melquisedec era sacerdote pagano, jamás ofreció sacrificios de animales (sino tan sólo pan y vino), y bendijo a Abraham. Pues bien, así también hizo nuestro Señor y Salvador en persona, y posteriormente sus sucesores.

         Los sacerdotes cristianos, con la ofrenda espiritual del pan y del vino, y según las normas de la Iglesia, nos hacen presente el misterio de aquel cuerpo y de aquella sangre salutífera. Hacen presente aquel misterio que había aprendido Melquisedec del mismo Dios, y prefiguró a través de imágenes de realidades futuras (como lo atestigua el mismo Moisés, cuando dice: "Melquisedec, rey de Salem, sacerdote de Dios altísimo, le sacó pan y vino, y bendijo a Abraham").

         Con razón, pues, y con la interposición de un juramento, se le prometieron tales cosas a Aquel de quien ahora decimos: "El Señor lo ha jurado y no se arrepiente. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec". Y si no, escuchad ahora lo que dice el apóstol Pablo a este respecto:

"Dios se comprometió con juramento para que por dos cosas inmutables, en las que es imposible que Dios mienta, cobremos ánimos y fuerza. De los judíos ha habido multitud de sacerdotes, porque la muerte les impedía permanecer. Este sacerdocio, en cambio, dura para siempre, y es exclusivo. De ahí que puede salvar definitivamente a los que, por medio de él, se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en su favor. Tal convenía que fuese nuestro pontífice, santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo".

 Act: 15/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A