16 de Marzo

Lunes IV de Cuaresma

Orígenes
Homilías del Levítico, IX, 5.10

Oficio, II

         Una vez al año el sumo sacerdote, alejándose del pueblo, entraba en el lugar donde se hallaban el propiciatorio, los querubines, el arca de la alianza y el altar del incienso, en aquel lugar donde nadie podía penetrar (sino sólo el sumo sacerdote).

         Pensemos ahora en nuestro verdadero sumo sacerdote, el Señor Jesucristo, y consideramos cómo, mientras vivió en carne mortal, estuvo durante todo el año con el pueblo, aquel año del que él mismo dice: "Me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres, para anunciar el año de gracia del Señor".

         Si consideramos esto, fácilmente advertiremos que, en este año, nuestro sumo sacerdote (Jesucristo) penetró una sola vez (el Día de la Propiciación) en el santuario (es decir, en los cielos), después de haber realizado su misión. Sí, subió hasta el trono del Padre para hacerle propicio al género humano e interceder por cuantos creen en él.

         Aludiendo a esta propiciación con la que Jesucristo reconcilió a los hombres con el Padre, dice el apóstol Juan: "Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: Jesucristo, el justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados".

         De manera semejante, Pablo vuelve a pensar en esta propiciación cuando dice de Cristo: "A quien Dios constituyó sacrificio de propiciación mediante la fe en su sangre". De modo que el Día de Propiciación permanece todavía entre nosotros, hasta que el mundo llegue a su fin.

         A este respecto, dice el precepto divino: "Pondrá incienso sobre las brasas, ante el Señor. El humo del incienso ocultará la cubierta que hay sobre el documento de la alianza, y así no morirá. Después tomará sangre del novillo y salpicará con el dedo la cubierta, hacia Oriente".

         El pasaje nos explica cómo se llevaba a cabo entre los antiguos el rito de propiciación a Dios en favor de los hombres. Por vuestra parte, vosotros habéis alcanzado a Cristo, verdadero sumo sacerdote que con su sangre hizo que Dios os fuera propicio. Él os reconcilió con el Padre, así que no os detengáis en la sangre física, sino pensad más bien en la sangre del Verbo, y oídle a él mismo decir: "Ésta es mi sangre, derramada por vosotros para el perdón de los pecados".

         No paséis por alto el detalle de que "esparció la sangre hacia Oriente". ¿Por qué? Porque la propiciación viene de Oriente, y de allí proviene el  mediador entre Dios y los hombres. Esto os está invitando a mirar siempre hacia Oriente, donde brota el Sol de Justicia, donde nace la luz del día para que no andéis nunca en tinieblas ni en ellas os sorprenda aquel día supremo.

         Hermanos, que la noche y el espesor de la ignorancia no os abrumen, sino moveos siempre en el esplendor del conocimiento. Tened siempre en vuestro poder el día de la fe, y no perdáis nunca la lumbre de la caridad y de la paz.

 Act: 16/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A