3 de Febrero

Martes IV Ordinario

San Clemente de Roma
Carta a los Corintios, XLVI, 2-47; 48,1-6

Oficio, II

         Escrito está: "Juntaos con los santos, porque los que se juntan con ellos se santificarán". Y otra vez, en otro lugar, se dice: "Con el hombre inocente serás inocente, con el elegido serás elegido y con el perverso te pervertirás". Juntémonos, pues, con los inocentes y justos, porque ellos son elegidos de Dios.

         ¿A qué vienen entre vosotros contiendas y riñas, banderías, escisiones y guerras? ¿Es que no tenemos un solo Dios, y un solo Cristo, y un solo Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros? ¿No es uno solo nuestro llamamiento en Cristo? ¿A qué fin desgarramos y despedazamos los miembros de Cristo, y nos sublevamos contra nuestro propio cuerpo, y llegamos a tal punto de insensatez que nos olvidamos de que somos los unos miembros de los otros?

         Acordaos de las palabras de Jesús, nuestro Señor, que dijo: "¡Ay de aquel hombre! Más le valiera no haber nacido que escandalizar a uno solo de mis escogidos. Mejor le fuera que le colgaran una piedra de molino al cuello y lo hundieran en el mar, que no extraviar a uno solo de mis escogidos". Vuestra escisión extravía a muchos, desalienta a muchos, hace dudar a muchos, nos sume en la tristeza a todos. Sin embargo, vuestra sedición es contumaz.

         Tomad en vuestra mano la carta del bienaventurado Pablo, apóstol. ¿Cómo os escribió en los comienzos del evangelio? A la verdad, divinamente inspirado, y por eso os escribió acerca de sí mismo, de Cefas y de Apolo, y de cómo ya entonces fomentabais las parcialidades. Hermanos, aquella parcialidad fue menos culpable que la actual, pues al cabo os inclinabais a apóstoles acreditados por Dios, y a un hombre acreditado por éstos.

         Arranquemos con rapidez este escándalo, y postrémonos ante el Señor, suplicándole con lágrimas que sea propicio con nosotros, nos reconcilie consigo y nos restablezca en el sagrado y puro comportamiento de nuestra fraternidad. Ésta es la puerta de la justicia, abierta para la vida, conforme está escrito: "Abridme las puertas de la justicia, y entraré para dar gracias al Señor. Esta es la puerta del Señor: los justos entrarán por ella".

         Siendo muchas las puertas que están abiertas, ésta es la puerta de la justicia, a saber: la que se abre en Cristo. Bienaventurados todos los que por ella entran y enderezan sus pasos en santidad y justicia, cumpliendo todas las cosas sin perturbación.

         Enhorabuena que uno tenga carisma de fe, que otro sea poderoso en explicar los conocimientos, que otro sabio en el discernimiento de discursos, que otro casto en su conducta. Cuanto mayor parezca uno ser, tanto más debe humillarse, y buscar no sólo su propio interés sino también el de la comunidad.

 Act: 03/02/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A