7 de Febrero

Sábado IV Ordinario

Pentateuco
Génesis 37, 2-4.12-36

Oficio, I

         José tenía 17 años, y pastoreaba el rebaño con sus hermanos, así como ayudaba a los hijos de Bilha y Zilpa, mujeres de su padre. Un día trajo a su padre malos informes acerca de sus hermanos. Israel amaba a José más que a todos los demás hijos, por ser él el hijo de la ancianidad. Le había hecho una túnica larga. Vieron sus hermanos cómo le prefería su padre a todos ellos, y le aborrecieron hasta el punto de no poder siquiera saludarle.

         Cierto día, sus hermanos trashumaron a Siquén, con los rebaños de su padre.

         Israel dijo a José: "Tus hermanos deben estar con los rebaños en Siquén. Ven, que te voy a mandar adonde están ellos". José le contestó: "Aquí me tienes". Su padre le dijo: "Ve a ver cómo están tus hermanos y el ganado, y tráeme noticias". Y lo envió desde el valle de Hebrón, y José se dirigió a Siquén.

         Un hombre lo encontró dando vueltas por el campo, y le preguntó: "¿Qué buscas?". José contestó: "Busco a mis hermanos. Por favor, dime dónde están pastoreando". El hombre respondió: "Se han marchado de aquí, y les he oído decir que iban hacia Dotán".

         José fue detrás de sus hermanos, y los encontró en Dotán.

         Ellos le vieron de lejos y, antes de que se les acercara, conspiraron contra él para matarle, diciéndose mutuamente: "Por ahí viene el soñador. Ahora, pues, matémosle, y echémosle en un pozo cualquiera, y digamos que algún animal feroz lo devoró. Veremos entonces en qué paran sus sueños". Rubén trató de librarlo de sus manos, y les dijo: "No le quitemos la vida. Arrojadlo a un pozo, pero no le hagáis daño".

         Cuando llegó José, sus hermanos lo despojaron de la túnica y lo arrojaron a un pozo sin agua. Estaban comiendo, cuando vieron a lo lejos una caravana de ismaelitas, que venían de Galaad con los camellos cargados de especias (tragacanto, resina de lentisco y láudano) e iban a Egipto. Judá dijo a sus hermanos: "¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano, y ocultar su sangre? Vendámoslo a los ismaelitas y no pongamos en él las manos. Al cabo, hermano nuestro y carne nuestra es".

         Al llegar los mercaderes sacaron a José del pozo y se lo vendieron por 20 monedas de plata. Y los mercaderes llevaron a José a Egipto.

         Entre tanto, Rubén volvió al pozo, y al ver que José no estaba allí, se rasgó las vestiduras, volvió a sus hermanos y les dijo: "El muchacho no está, ¿a dónde voy yo ahora?". Ellos cogieron la túnica de José, degollaron un cabrito y empapando en sangre la túnica se la enviaron a su padre con este recado: "Esto hemos encontrado, mira a ver si es la túnica de tu hijo o no".

         Jacob, al reconocerla, dijo: "Es la túnica de mi hijo. Una fiera lo ha devorado, ha descuartizado a José". Jacob rasgó su manto, se ciñó un sayal e hizo luto por su hijo muchos días. Todos sus hijos e hijas intentaron consolarlo, pero él rehusó el consuelo, diciendo: "De luto por mi hijo bajaré a la tumba".

         Entre tanto, los madianitas vendieron a José en Egipto. Lo vendieron a Putifar, ministro y jefe de la guardia del faraón.

 Act: 07/02/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A