4 de Junio

Jueves IX Ordinario

San Pablo
Carta a los Gálatas 4, 8-31

Oficio, I

         Hermanos, cuando no sabíais de Dios os hicisteis esclavos de seres que por su naturaleza no son dioses. Ahora que habéis reconocido a Dios, ¿cómo os volvéis de nuevo a esos elementos sin eficacia ni contenido? ¿Queréis ser sus esclavos otra vez, como antes? Respetáis sus días, meses, estaciones y años, y me hacéis temer que mis fatigas por vosotros hayan sido inútiles.

         Poneos en mi lugar, hermanos, y yo me pondré en el vuestro. Cuando os anuncié el evangelio por primera vez, a causa de una enfermedad mía no me despreciasteis ni me hicisteis ningún desaire, aunque mi estado físico os debió tentar a eso. Al contrario, me recibisteis como a un mensajero de Dios y como a Jesucristo en persona. Es más, a ser posible os habríais sacado los ojos por dármelos.

         Siendo esto así, ¿dónde ha ido a parar aquella dicha vuestra?  Y ahora ¿me he convertido en enemigo vuestro, por ser sincero con vosotros? El interés que ésos os muestran no es de buena ley. Lo que quieren es aislaros, para acaparar vuestro interés. 

         Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto, hasta que Cristo tome forma en vosotros. Quisiera estar ahora mismo allí, y matizar el tono de mi voz, pues con vosotros no encuentro medio. Sería bueno que os interesarais por lo bueno, siempre y no sólo cuando yo estoy con vosotros. 

         Vamos a ver, queréis someteros a la ley, y ¿no escucháis lo que dice la ley? En la Escritura se dice que Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava y otro de la libre. El hijo de la esclava nació de modo natural, y el de la libre por una promesa de Dios. Esto tiene un significado, que paso a explicaros.

         Las dos mujeres representan dos alianzas. Agar, la que engendra hijos para la esclavitud, significa la alianza del Sinaí. De hecho, el nombre Agar significa "monte Sinaí", de Arabia, y corresponde a la Jerusalén de hoy, esclava ella y sus hijos. La Jerusalén de arriba es la mujer libre y nuestra madre, como dice la Escritura: "Alégrate, estéril, que no das a luz. Rompe a gritar, tú que no conocías los dolores de parto, porque la abandonada tiene más hijos que la que vive con el mundo".

         Hermanos, vosotros sois hijos por la promesa, como Isaac. Si el que nació de modo natural (Ismael) perseguía al que nació por el Espíritu (Isaac), lo mismo ocurre ahora. No obstante, ¿qué añade la Escritura? Esto mismo: "Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque el hijo de la esclava no compartirá la herencia con el hijo de la libre". Resumiendo, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la mujer libre.

 Act: 04/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A