2 de Junio

Martes IX Ordinario

San Pablo
Carta a los Gálatas 2,11-3,14

Oficio, I

         Hermanos, cuando Pedro llegó a Antioquía tuve que encararme con él, porque era reprensible. Antes de que llegaran ciertos individuos de parte de Santiago, él comía con los gentiles. Cuando llegaron aquéllos, se retrajo y se puso aparte, temiendo a los partidarios de la circuncisión. Los demás judíos lo imitaron en esta simulación, tanto que el mismo Bernabé se vio arrastrado con ellos a la simulación.

         Cuando vi que su conducta no cuadraba con la verdad del evangelio, le dije a Pedro delante de todos: "Si tú, siendo judío, vives a lo gentil y no a lo judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a las prácticas judías?".

         Nosotros somos judíos de nacimiento, y no paganos pecadores. Pero hemos comprendido que el hombre no se justifica por cumplir la ley, sino por creer en Cristo Jesús. Por eso hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe de Cristo y no por cumplir la ley. Es más, si la justificación fuera efecto de la ley, la muerte de Cristo sería inútil.

         En definitiva, el hombre no se justifica por cumplir la ley. Si por buscar la justificación por medio de Cristo resultamos también nosotros unos pecadores, ¿qué? Y si yo construyo de nuevo lo que ya demolí una vez, demuestro yo mismo ser culpable.

         Por mi parte, la ley me ha dado muerte, mas ahora vivo para Dios. Estoy crucificado con Cristo, y no soy yo quien vive sino que es Cristo quien vive en mí. Mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí. Y trato de no anular la gracia de Dios.

         Insensatos gálatas, ¿quién os ha embrujado? ¡Y pensar que ante vuestros ojos presentamos la figura de Jesucristo en la cruz! Contestadme a una sola pregunta: ¿Recibisteis el Espíritu por observar la ley, o por haber respondido a la fe? ¿Tan estúpidos sois? ¡Empezasteis por el espíritu para terminar con la carne! ¡Tantas magníficas experiencias en vano! Si es que han sido en vano.

         Vamos a ver: Cuando Dios os concede el Espíritu, y obra prodigios entre vosotros, ¿por qué lo hace? ¿Porque observáis la ley, o porque respondéis a la fe? El mismo Abraham creyó en Dios, y eso le valió la justificación.

         Hijos de Abraham son todos los hombres de fe, y no sólo los judíos. Además, previendo Dios que justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abraham la buena noticia, cuando le dijo: "Por ti serán benditas todas las naciones". Así pues, son los hombres de fe los que reciben la bendición con Abraham.

         Los que se apoyan en la observancia de la ley tienen encima una maldición, como recuerda la Escritura: "Maldito el que no cumple todo lo escrito en el libro de la ley". En base a la ley, por tanto, nadie es capaz de justificarse ante Dios. Es más, está dicho que "el justo vivirá por su fe", y que la ley no arranca la fe, sino que "el que la cumple vivirá por ella".

         Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros un maldito, como recuerda la Escritura: "Maldito todo el que cuelga de un árbol". Esto sucedió para que, por medio de Jesucristo, la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, y por la fe recibiéramos el Espíritu prometido.

 Act: 02/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A