26 de Febrero

Jueves I de Cuaresma

San Cirilo de Alejandría
Homilías Pascuales, XIX, 2

Oficio, II

         Los israelitas en Egipto inmolaron un cordero siguiendo las órdenes e instrucciones de Moisés. Se les mandó añadir también panes ázimos y verduras amargas, como está escrito: "Durante siete días comerás panes ázimos y verduras amargas". ¿Deberemos también nosotros estar eternamente ligados a estos símbolos y figuras? ¿Qué pensar entonces de aquellas palabras de Pablo, cuando dijo "sabemos que la ley es espiritual"? ¿Deberemos someternos a la antigua ley, desde el momento en que Cristo ha afirmado "no he venido a abolir la ley, sino a dar plenitud"?

         El verdadero Cordero es el que quita el pecado del mundo. Él se inmoló por nosotros, y nos llamó a la santidad mediante la fe. Acerquémonos, pues, a sus banquetes espirituales, sublimes y realmente santos. Estos banquetes fueron prefigurados en cierto modo por los ázimos prescritos en la ley, pero han de ser espiritualmente recibidos. De hecho, en la Escritura la levadura ha sido siempre considerada como símbolo de iniquidad y pecado.

         Jesucristo exhortó a sus discípulos que se abstuvieran del pan fermentado, diciendo: "Tened cuidado con la levadura de los fariseos y saduceos". Igualmente, el doctísimo Pablo escribe a los santificados recomendándoles que se mantengan lo más alejados posible de la levadura de la impureza que mancha el alma, cuando les dijo: "Quitad la levadura vieja para la masa nueva, pues sois panes ázimos".

         Para estar espiritualmente unidos a Cristo, y tener un alma pura, hemos de librarnos antes de nuestras miserias y evitar el pecado. Hemos de mantener nuestra alma alejada de todo lo que pueda contaminarla. De este modo, libres de todo culpable remordimiento, podremos acercarnos dignamente a la comunión.

         Hemos de añadir también las verduras amargas. Es decir, aceptar la amargura de las arduas fatigas, para poder llegar a la consecución de la paciencia. Sería absurdo pensar que los hombres puedan conseguir la virtud sin fatigas, sin tener luchas y dificultades, sin convertirse antes en ejemplo luminoso y magnífico de fortaleza.

         El camino de la virtud es áspero, está erizado de dificultades y es asequible a pocos. Es llano y fácil solamente para quienes lo recorren con ánimo alegre, afrontando sin temor las dificultades y ofreciéndose espontáneamente a las fatigas. Es lo que nos recuerda el mismo Cristo, cuando dice: "Entrad por la puerta angosta, pues ¡qué angosta es la puerta, y qué estrecho el callejón, que llevan a la vida! Y pocos dan con ellos".

 Act: 26/02/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A