26 de Mayo

Martes VIII Ordinario

San Basilio Magno
Homilías sobre la Caridad, III, 6

Oficio, II

         Oh hombre, imita a la tierra y produce fruto igual que ella, no sea que parezcas peor que ella o un ser inanimado. La tierra produce frutos que ella no ha de gozar, y están destinados a tu provecho. En cambio, los frutos de tu beneficencia los recolectas en tu propio provecho, ya que la recompensa de las buenas obras revierte en beneficio tuyo.

         Cuando das al necesitado, lo que le das se convierte en algo tuyo, y él te lo devuelve acrecentado. Así como el grano de trigo, al caer en tierra, cede en provecho del que lo ha sembrado, así también el pan que tú das al pobre te proporcionará en el futuro una ganancia no pequeña. Procura, pues, que el fin de tus trabajos sea el comienzo de la siembra celestial. "Siembra justicia y cosecharás misericordia", dice la Escritura.

         Oh hombre, tus riquezas tendrás que dejarlas aquí, lo quieras o no. Por el contrario, las buenas obras que hayas hecho te llevarán hasta el Juez universal rodeado de los elegidos, y todos proclamarán tu largueza y tus beneficios, atribuyéndote todos los apelativos indicadores de tu humanidad y benignidad.

         ¿Es que no ves cómo muchos dilapidan su dinero en los teatros, en los juegos atléticos, en las pantomimas, en las luchas entre hombres y fieras, cuyo solo espectáculo repugna, y todo por una gloria momentánea, por el estrépito y aplauso del pueblo?

         Oh hombre, ¿serás avaro, tratándose de gastar en algo que ha de redundar en tanta gloria para ti? Recibirás la aprobación del mismo Dios, los ángeles te alabarán, todos los hombres te proclamarán bienaventurado. Por haber administrado rectamente los bienes corruptibles recibirás la gloria eterna, la corona de justicia, el reino de los cielos.

         Todo esto te tiene sin cuidado, y por el afán de los bienes presentes menosprecias aquellos bienes que son el objeto de nuestra esperanza. Ea pues, reparte tus riquezas según convenga, sé liberal y espléndido en dar a los pobres. Ojalá pueda decirse también de ti: "Reparte limosna a los pobres, y su caridad es constante".

         Deberías estar agradecido, contento y feliz por el honor que se te ha concedido, al no ser tú quien ha de importunar a la puerta de los demás, sino los demás quienes acuden a la tuya. En cambio, tú te retraes y te haces casi inaccesible, y rehúyes el encuentro con los demás para no verte obligado a soltar ni una pequeña dádiva.

         Oh hombre, sólo sabes decir: No tengo nada que dar, porque soy pobre. Realmente eres pobre, y privado de todo bien. Eres pobre en amor, en humanidad, en confianza en Dios y en esperanza eterna.

 Act: 26/05/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A