29 de Mayo
Viernes VIII Ordinario
Gualterio de San Víctor
Homilías, III, 2-4
Oficio, II
Por tres cosas debemos gloriarnos en la cruz: por ser remedio, por su ejemplo y por su misterio.
Llamamos "remedio de la cruz" al mérito de la pasión y muerte de Cristo. En efecto, Cristo, inmune a todo pecado, y el único libre entre los muertos, y en nada deudor de la muerte, "por el gran amor con que nos amó" aceptó la muerte en beneficio nuestro, para que no fuésemos ya deudores de la muerte.
De esta suerte adquirió Cristo un mérito enorme, y de este mérito nos hizo a nosotros cesión, para que se nos aplicara a nosotros el fruto de su esfuerzo. Tan grande fue este mérito, que basta para la salvación de todos. La magnitud del mérito suele medirse por la magnitud del amor con que se obtiene. Siendo, pues, inmenso el amor de Cristo, inmenso es también el mérito de su muerte.
Si todos los santos que han existido desde el comienzo del mundo, y los que habrá hasta la consumación del mismo, estuvieran libres de todo pecado, y murieran en pro de la justicia, la muerte de todos ellos juntos no sería tan meritoria como la sola muerte del Salvador, sufrida una vez por todas.
Contemplando Pablo este incomparable tesoro de salvación, decía: "Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo", que es como si dijera: Dios me libre de juzgarme digno de la gloria y de la salvación, si no es en virtud, y por la eficacia y mérito, de la pasión del Señor. En este remedio radica, pues, nuestra única esperanza.
Al remedio hay de añadir la imitación del "ejemplo de la cruz", ya que "Cristo padeció por nosotros, para que sigamos sus huellas". Así pues, gloriarse en la cruz en razón del ejemplo consiste en imitarlo con alegría, a semejanza del apóstol que se gloriaba en las tribulaciones. De hecho, no sólo debemos imitar el ejemplo de la pasión para asegurarnos el remedio, sino también para acrecentar el brillo de la corona.
Llamamos "misterio de la cruz" a la mística significación del sagrado leño. Este madero tiene una forma cuadrangular, ¿no? Pues bien, esta cuadratura de la cruz apunta a una cierta cuadratura de la caridad, de la que dice el apóstol: "Que el amor sea vuestra raíz y cimiento, y así lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo".
Los que en sí mismos perciben esta cuadratura, no sin razón pueden gloriarse en el misterio de la cruz, lo mismo que condignamente se gozan en el remedio de la cruz los que poseen una fe sana y han renacido en Cristo. Efectivamente, quienes "llevan en su cuerpo las marcas de Jesús" pueden gloriarse en el ejemplo de la cruz.
Tres son, pues, las cosas por las que hemos de gloriarnos en la cruz: el remedio (que pertenece al nivel de la fe), el ejemplo (que se sitúa en el orden de la operación) y el misterio (que se inscribe en el área de la dilección).
Act:
29/05/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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