21 de Mayo

Jueves VII de Pascua

San Lucas
Hechos de Apóstoles 27, 21-44

Oficio, I

         Llevábamos mucho tiempo sin comer. Entonces Pablo se puso de pie en medio y les dijo: "Amigos, debíais haberme hecho caso y no zarpar de Creta, y os habríais ahorrado este desastre y estos perjuicios. De todos modos, ahora os recomiendo que no os desaniméis. No habrá pérdidas personales, sino que sólo se perderá el barco. Esta noche se me ha presentado un mensajero del Dios a quien pertenezco y sirvo, y me ha dicho: No temas, Pablo, tienes que comparecer ante el emperador, y Dios te ha concedido la vida junto a la de todos tus compañeros. Por eso, amigos, ¡ánimo! Yo me fío de Dios, y sé que sucederá exactamente lo que ha dicho. Tenemos que ir a dar en una isla".

         A las 14 noches íbamos todavía sin rumbo por el Adriático. Hacia medianoche barruntaron los marineros que nos acercábamos a tierra. Echaron la sonda y marcaba 20 brazas. Poco más adelante volvieron a echarla, y marcaba 15 brazas. Temiendo ir a dar con una escollera, echaron 4 anclas a popa, esperando con ansia que se hiciera de día.

         Como los marineros trataban de escapar del barco, y empezaban a arriar el bote al agua con pretexto de alejarlas anclas desde proa, Pablo dijo al capitán y a los soldados: "Si ésos no se quedan en el barco, vosotros no podréis salvaros".

         Los soldados, entonces, cortaron las amarras del bote y lo dejaron caer. Pablo les insistía a todos en que, mientras amanecía, tomaran algo, diciéndoles: "Con hoy lleváis 14 días en vilo y en ayunas, y seguís sin tomar nada. Insisto en que comáis, pues ninguno perderá ni un pelo".

         Dicho esto, Pablo cogió pan, dio gracias a Dios delante de todos, lo partió y se puso a comer. Todos se animaron y comieron también. Éramos en total 276 personas a bordo. Una vez satisfechos, aligeraron el barco, arrojando trigo al mar.

         Al hacerse de día, no reconocían la tierra, pero divisaron una ensenada con su playa, y decidieron varar el barco allí donde pudieran. Soltaron las anclas de ambos lados (dejándolas caer al mar), aflojaron las correas de los timones, izaron la vela de popa y, a favor de la brisa, se fueron acercando a la playa. Toparon con un bajío y encallaron. La proa se hincó y quedó inmóvil, mientras la popa se deshacía por la violencia de las olas.

         Los soldados resolvieron matar a los presos para que ninguno se escapase nadando. No obstante, el capitán, decidido a salvar a Pablo, les impidió ejecutarlos. A los que sabían nadar les mandó echarse al agua y nadar a tierra, y a los demás les dijo que se valiesen de tablas o de restos del barco. Así, todos llegamos a tierra sanos y salvos.

 Act: 21/05/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A