21 de Mayo

Jueves VII de Pascua

San Cirilo de Alejandría
Comentario de Juan, X, 74

Oficio, II

         Ya se había llevado a cabo el plan salvífico de Dios en la tierra, pero convenía que nosotros llegáramos a ser partícipes de la naturaleza divina del Verbo. Esto es, que abandonásemos nuestra vida anterior para transformarla y conformarla a un nuevo estilo de vida y santidad.

         Esto sólo podía llevarse a efecto con la comunicación del Espíritu Santo. Ahora bien, el tiempo más oportuno para la misión del Espíritu Santo, y su irrupción en nosotros, fue aquel que siguió a la marcha de nuestro Salvador Jesucristo.

         Mientras Cristo vivía corporalmente entre sus fieles, se les mostraba como el dispensador de todos sus bienes. Cuando llegó la hora de regresar al Padre celestial, continuó presente entre sus fieles mediante su Espíritu, y habitando por la fe en nuestros corazones.

         Poseyendo a Cristo en nosotros, según lo dicho, podemos llamar a Dios "Abba, Padre", y cultivar con ahínco todas las virtudes, y hacer frente con valentía invencible a las asechanzas del diablo y persecuciones de los hombres, como quienes cuentan con la fuerza poderosa del Espíritu Santo.

         El Espíritu Santo transforma y traslada a una nueva condición de vida a los fieles en que habita y tiene su morada. Esto puede ponerse fácilmente de manifiesto con testimonios tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento. Así, el piadoso Samuel dice a Saúl: "Te invadirá el Espíritu del Señor, y te convertirás en otro hombre". Por su parte, San Pablo dice: "Todos nosotros reflejamos la gloria del Señor, y nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente. Así es como actúa el Señor, que es Espíritu".

         Sobre cómo transforma el Espíritu Santo la imagen de aquellos en los que habita, lo hace así: del amor a las cosas terrenas los conduce a la esperanza en las cosas del cielo; y de la cobardía y timidez a la valentía y generosa intrepidez de espíritu. Por eso es por lo que encontramos a los discípulos animados y fortalecidos, y no se dejaron vencer por los ataques de los perseguidores, y se adhirieron con todas sus fuerzas al amor de Cristo.

         Se trata exactamente de lo que había dicho el Salvador: "Os conviene que yo me vaya al cielo". En ese tiempo, en efecto, descendería el Espíritu Santo.

 Act: 21/05/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A