20 de Mayo

Miércoles VII de Pascua

San Lucas
Hechos de Apóstoles 27, 1-20

Oficio, I

         Cuando se decidió que emprendiésemos la travesía para Italia, encargaron a Pablo y a varios presos a un capitán de la legión Augusta, de nombre Julio. Embarcamos en una nave con matrícula de Adrumeto que salía para los puertos de Asia, y nos hicimos a la mar. Nos acompañaba Aristarco, un macedonio de Tesalónica.

         Al día siguiente tocamos tierra en Sidón. Julio, con mucha amabilidad, permitió a Pablo visitar a los amigos para que lo atendieran. Zarpamos de Sidón y navegamos al abrigo de Chipre, frente a Cilicia y Panfilia, y llegamos a Mira de Licia.

         El capitán encontró allí un barco de Alejandría que se dirigía a Italia, y nos mandó embarcar. Por muchos días la navegación fue lenta, y a duras penas llegamos a la altura de Cnido. Como el viento no nos era propicio, navegamos al abrigo de Creta, por debajo del cabo Salmón. Tras costear la isla llegamos a duras penas a una localidad llamada Buenos Puertos, cerca de la ciudad de Lasea.

         Habíamos perdido un tiempo considerable. Además, la navegación era ya peligrosa, porque había pasado el ayuno de septiembre. Pablo se lo avisó a los tripulantes: "Amigos, preveo que la travesía va a ser desastrosa, con gran perjuicio no sólo para la carga y el barco, sino también para nuestras personas".

         El capitán daba más crédito al piloto y al patrón del barco que a los avisos de Pablo. Como el puerto no era para invernar, los más se pronunciaron por zarpar de allí, para ver si podían alcanzar Fénix, puerto de Creta orientado al suroeste y noroeste, y pasar allí el invierno.

         Al levantarse la brisa del sur, se figuraron poder realizar el proyecto, levaron anclas y fueron bordeando Creta. De allí a poco se desencadenó del lado de tierra el Huracán del Noroeste. El barco, arrastrado por el viento, no podía hacerle frente, y nos dejamos llevar a la deriva.

         Al pasar al abrigo del islote que llaman Cauda, a duras penas pudimos recobrar el control del bote. Lo izaron a bordo y reforzaron el casco de la nave ciñéndolo con cables. Temiendo ir a dar contra los bajíos de Sirte, soltaron un flotador y siguieron a la deriva.

         Al día siguiente, como el temporal seguía zarandeándonos con violencia, aligeraron la carga. Al tercer día arrojaron al mar el aparejo del barco. Por muchos días no vimos ni el sol ni las estrellas, y teníamos encima un temporal tan violento que llegamos a perder toda esperanza de salvarnos.

 Act: 20/05/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A