22 de Mayo
Viernes VII de Pascua
San Hilario de Poitiers
Sobre la
Trinidad, II, I, 33.35
Oficio, II
El Señor mandó bautizar "en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". Esto es, en la profesión de fe en el Creador, en el Hijo único y en el que es llamado Don. Uno solo es el Creador de todo, ya que uno solo es Dios Padre, de quien procede todo; y uno solo el Hijo único, nuestro Señor Jesucristo, por quien ha sido hecho todo; y uno solo el Espíritu, que a todos nos ha sido dado.
Todo se halla ordenado, pues, según esta virtud y operación: un Poder del cual procede todo, un Hijo por quien existe todo, un Don que es garantía de nuestra esperanza consumada. Ninguna falta se halla en semejante perfección. Dentro de ella, en el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, se halla lo infinito en lo eterno, la figura en la imagen, la fruición en el don.
Escuchemos las palabras del Señor en persona, que nos describe cuál es la acción específica del Espíritu en nosotros:
"Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora. Os conviene, por tanto, que yo me vaya, porque, si me voy os enviaré al Defensor".
"Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. Él os guiará hasta la verdad plena. Lo que hable no será suyo, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá lo mío".
Esta pluralidad de afirmaciones tiene por objeto darnos una mayor comprensión, ya que en ellas se nos explica cuál es la voluntad del que nos otorga su Don, y cuál la naturaleza de este mismo Don. Ya que la debilidad de nuestra razón nos hace incapaces de conocer al Padre y al Hijo, y nos dificulta creer en la encarnación de Dios, el Don (que es el Espíritu Santo) nos ayuda con su luz a penetrar estas verdades. Al recibirlo, pues, se nos da un conocimiento más profundo.
Así como nuestro cuerpo natural, cuando se ve privado de los estímulos adecuados, permanece inactivo (los ojos, cuando se ven privados de luz, y los oídos cuando se ven faltos de sonido, y el olfato cuando no hay ningún olor) y no ejerce su función propia (no porque deje de existir por la falta de estímulo, sino porque necesita este estímulo para actuar)... así también nuestra alma, si no recibe el don del Espíritu, tendrá ciertamente una naturaleza capaz de captar a Dios, pero no de llegar a su conocimiento.
El Espíritu de Cristo está todo entero a nuestra disposición y se halla en todas partes, pero se da en proporción al deseo y a los méritos de cada uno. Este Espíritu está con nosotros hasta el fin del mundo, y él es nuestro solaz en este tiempo de expectación.
Act:
22/05/26
@tiempo
de pascua
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M
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R C A B A
M U R C I A
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