15 de Febrero

Domingo VI Ordinario

San Agustín de Hipona
Homilías sobre el Sermón de Montaña, I, 9

Introducción

         Os lo aseguro, nos asegura hoy Jesús: "Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos", que es como si quisiera decir: Si sólo cumplís aquellos preceptos menos importantes (que vienen a ser como una iniciación para el hombre), y no también éstos que yo añado (yo, que no he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud), no entraréis en el reino de los cielos.

         Me dirás: Si Jesús afirmó que, en el reino de los cielos, "será menos importante el que se saltare uno solo de estos preceptos menos importantes", ¿qué necesidad hay de añadir nuevos preceptos a los mínimos de la ley, si puede estar ya con éstos en el reino de los cielos?

         Por supuesto, esto es así, mas dicha sentencia hay que interpretarla así: "Quien los cumpla y enseñe así, será grande en el reino de los cielos", esto es: No en la línea de esos preceptos menos importantes, sino en la línea de los preceptos que yo voy a dictar.

         Y ¿cuáles son estos preceptos? Que "seáis mejores que los letrados y fariseos", porque "de no ser mejores, no entraréis en el reino de los cielos". Luego "quien se salte uno solo de los preceptos menos importantes", y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante, mas "quien los cumpla y enseñe", no inmediatamente habrá de ser tenido ya como grande e idóneo para el reino de los cielos, pero al menos no será tan poco importante como el que se los saltare.

         En definitiva, para poder ser grande e idóneo para el Reino, debe cumplir y enseñar lo Cristo ahora enseña. Es decir, ser mejor que los letrados y fariseos.

         La justicia de los fariseos se limita a "no matar", mas la justicia de los destinados a entrar en el reino de los cielos ha de llegar a "no estar peleado sin motivo". No matar es lo mínimo que puede pedirse, y quien no lo cumpla será el menos importante en el reino de los cielos. En cambio, el que cumpliere el precepto de no matar, no inmediatamente será tenido por grande e idóneo para el reino de los cielos, pero al menos sube un grado.

         Ese tal llegará a la perfección si no anda peleado sin motivo. Si esto cumple, estará mucho más alejado del homicidio. En consecuencia, quien nos enseña a "no andar peleados", no deroga la ley de "no matar", sino que le da plenitud, de suerte que conservemos la inocencia (en el exterior, no matando; en el corazón, no irritándonos).

 Act: 15/02/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A