10 de Mayo

Domingo VI de Pascua

San Juan Crisóstomo
Homilías sobre Juan, LXXV, 1

Introducción

         "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos". "Os he dado un mandamiento: que os améis unos con otros como yo he amado". "En esto consiste el amor: en cumplir los mandamientos". "Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor". Son palabras de despedida.

         En efecto, los discípulos todavía no conocían bien a Jesús, y lo más probable es que, una vez que no estuviera él presente, ellos buscaran ansiosamente la compañía del ausente, sus palabras, su presencia física, y que no aceptaran que se hubiera marchado, ni encontraran ningún tipo de consuelo.

         Ante esta situación, ¿qué es lo que les dice Jesús? Esto mismo: "Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor". Es decir, otro como yo.

         Éste fue el momento en que sobrevoló la promesa y el envío del Espíritu Santo, mas ¿por qué no sucedió antes, cuando Jesús estaba con ellos? Porque todavía no se había ofrecido el sacrificio, y el pecado del mundo seguía presente. Una vez que fue borrado el pecado, y los discípulos fueron enviados a los peligros, y estaban dispuestos para la lucha, fue cuando más adecuado y necesario era el envío del Consolador.

         Y ¿por qué el Espíritu Santo no vino inmediatamente después de la resurrección? Para que, enardecidos por un deseo más vehemente, lo recibieran con mayor fruto. En efecto, mientras Cristo estaba con ellos, los discípulos no conocían la aflicción. Mas cuando se fue, se quedaron solos y temerosos. Por eso habrían de recibirlo con mayor anhelo, y desearían tenerlo siempre con ellos, y le pedirían que no los abandonase, y no pensarían en una nueva encarnación, y abrigarían la esperanza de verlo con sus propios ojos.

         Jesús llama al Espíritu Santo "Espíritu de la verdad", connotando así las figuras de la antigua ley. Y lo llama así "para que esté con vosotros". Pero ¿qué significa esté "con vosotros"?, porque él mismo había dicho de sí mismo: "Yo estoy con vosotros". Además, insinúa otra cosa: No padecerá lo mismo que yo he padecido, ni se ausentará.

         "El mundo no puede recibirlo porque no lo ve", dice Jesús. Pero ¿cómo? ¿Es que el Espíritu se contaba entre las cosas visibles? En absoluto. Lo que pasa es que Cristo se refiere aquí al conocimiento, pues añade "ni lo conoce", ya que habitualmente se llama visión al conocimiento penetrante. En efecto, siendo la vista el más destacado de los sentidos, mediante ella se designa siempre al conocimiento penetrante.

         Llama también aquí Jesús mundo a los perversos, y consuela a sus discípulos ofreciéndoles este precioso don, que Jesús ensalza cuando dice: "No os dejará", e insistiendo que vendrá únicamente a ellos, y "no se manifestará al resto del mundo".

         Con todo, ni aun así disipó Jesús la tristeza de sus discípulos, que todavía le buscaban a él, y querían su compañía. Para tranquilizarlos, Jesús les dice: "Tampoco yo os dejaré desamparados, sino que volveré". Es decir, viene a decirles: No os enviaré otro Defensor porque yo vaya a dejaros desamparados, sino que no sólo él vendrá a vosotros, sino también yo.

 Act: 10/05/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A