10 de Mayo
Domingo VI de Pascua
San Máximo de Turín
Homilías, LV, 1-2
Oficio, II
Hermanos, el hombre recupera su juventud y, aun debilitado por la edad, se convierte nuevamente en niño, por la inocencia de sus costumbres. Esto es algo que sucede mediante el sacramento, en el que vemos a los ancianos trasformarse en niños.
Abandonar lo que uno era, para asumir lo que antes había sido, no deja de ser una especie de innovación. Por eso se os llama neófitos, por esta concreta novedad de abandonar las lacras de la vetustez y asumir la gracia de la sencillez.
A este propósito, os dice a vosotros el apóstol: "Despojaos de la vieja condición humana, con sus obras, y vestíos de la nueva condición creada a imagen de Dios". Y el santo David también os dice: "Como un águila se renueva tu juventud". Con esto se da a entender que, por la gracia del bautismo, es posible hacer revivir lo que hay de caduco en nuestra vida, y renovar con una nueva juventud lo que en nosotros estaba arruinado por la vetustez del pecado.
Para que comprendáis que el profeta habla de la gracia del bautismo, comparad la innovación bautismal a la renovación del águila.
El águila prolonga su vida mediante el continuo cambio del plumaje. Al írsele cayendo las plumas viejas, se rejuvenece con el nuevo plumaje que le va saliendo, de modo que depuestos los signos de la vejez, se viste el ornato de la renovada novedad.
La vejez del águila, por tanto, se hace sentir en el plumaje, y no en los miembros. Cuando se viste nuevamente, y al pulular de las alas, otra vez la vieja madre se convierte en aguilucho. Eso sí, no aprendiendo a volar, puesto que la costumbre le ha dotado del arte de volar, aunque la escasez del plumaje le reste confianza en sí misma.
Por lo que respecta al bautismo, los recién bautizados se cubren con las nuevas vestiduras de la santidad, mientras las antiguas lacras van desprendiéndose cual leves plumas. Y lo mismo que el águila se transforma en aguilucho, así ellos entran en la infancia espiritual.
Con todo, examinemos con mayor diligencia lo que dice el santo David, porque no dice "como las águilas se renueva", sino "como un águila se renueva tu juventud". Es decir, como un solo águila. Afirma, pues, que nuestra juventud se ha de renovar como la de una sola águila. ¿Qué única águila? Yo diría que Cristo el Señor, cuya juventud se renovó cuando resucitó de entre los muertos.
Depuestos los mortales despojos de la corrupción, Cristo volvió a florecer mediante la asunción de la carne rediviva, como él mismo dijo por boca del profeta: "Mi carne de nuevo ha florecido, le doy gracias de todo corazón". ¡Fijaos! ¿En qué? En el verbo utilizado, pues no dice "ha florecido" sino "ha reflorecido", y no reflorece sino lo que anteriormente floreció.
Floreció la carne del Señor cuando, por primera vez, salió del incontaminado seno de la Virgen María, como dice Isaías: "Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago".
Refloreció la carne del Señor cuando, cortada por los judíos la flor del cuerpo, germinó rediviva en el sepulcro por la gloria de la resurrección. Al igual que una flor, Cristo exhaló sobre todos los hombres el aroma y el esplendor de la inmortalidad, esparciendo por doquier el olor de las buenas obras y el esplendor de la incorruptible y eterna divinidad.
Act:
10/05/26
@tiempo
de pascua
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R C A B A
M U R C I A
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