16 de Mayo
Sábado VI de Pascua
San
Lucas
Hechos de Apóstoles 24,
1-27
Oficio, I
Al cabo de cinco días, el sumo sacerdote Ananías bajó a Cesarea con algunos senadores y un abogado (un tal Tértulo), y presentaron al gobernador una querella contra Pablo. Citado Pablo, Tértulo empezó la acusación:
"La mucha paz que por ti gozamos, y las mejoras hechas en pro de esta nación gracias a tu providencia, excelentísimo Félix, las reconocemos siempre y en toda ocasión con la más profunda gratitud. No quiero importunarte, por tanto, sino tan sólo que nos escuches un momento con tu acostumbrada indulgencia. Hemos descubierto que este pernicioso individuo promueve motines contra los judíos del mundo entero, y que es cabecilla de la secta de los nazarenos. Incluso ha intentado profanar el templo, y por eso lo hemos detenido. Según nuestra ley, debe por ello morir. El comandante Lisias nos lo arrebató de las manos, remitiéndotelo a ti. Interrógalo tú mismo, y comprobarás que nuestras acusaciones son fundadas".
Los judíos corroboraron la acusación contra Pablo, afirmando que así estaban las cosas. Cuando el gobernador le hizo señal de que tomara la palabra, Pablo respondió:
"El saber que desde hace muchos años administra justicia en esta nación me anima a hablar en mi defensa. Tú mismo, oh gobernador, puedes verificar que hace sólo 12 días que subí a Jerusalén en peregrinación. No me han encontrado discutiendo con nadie en el templo, ni causando disturbios con la gente en las sinagogas ni por la ciudad. Tampoco pueden aducir pruebas de lo que ahora me imputan. Esto sí lo reconozco: que sirvo al Dios de nuestros padres, siguiendo el camino que ellos llaman secta. Con todo, creo todo lo que está escrito en la ley y los profetas, y tengo la esperanza puesta en Dios, y espero lo mismo que ellos esperan: que habrá una resurrección de justos e injustos. Por eso también me esfuerzo yo, tratando de conservar siempre una conciencia irreprochable ante Dios y ante los hombres. Después de muchos años había vuelto aquí a traer limosnas para mi pueblo y ofrecer sacrificios. De eso me ocupaba cuando me encontraron después de mi purificación, sin turba ni tumulto. Son unos judíos de Asia los que han debido presentarse ante este tribunal y acusarme. Y si no, que digan éstos qué crimen encontraron cuando comparecí ante el Consejo, fuera de las palabras que pronuncié delante de ellos: que si hoy me juzgan es por la resurrección de los muertos".
Félix, que estaba bastante bien informado del nuevo camino, les dio largas diciendo: "Cuando baje el comandante Lisias examinaré vuestro caso". A continuación, dio orden al capitán de que tuviese a Pablo detenido, dejándole cierto margen pero sin que lo asistiera ninguno de sus amigos.
De allí a unos días se presentó Félix con su mujer, Drusila, que era judía, y mandó llamar a Pablo para que le hablase de la fe en el mesías Jesús. Cuando tocó el tema de la honradez de conducta, del dominio de sí y del juicio futuro, Félix le replicó asustado: "Por el momento, puedes marcharte. Cuando tenga tiempo te mandaré llamar". No perdía tampoco la esperanza de que Pablo le diera dinero, y por eso lo mandaba llamar con relativa frecuencia para conversar con él.
A los dos años, Porcio Festo sucedió a Félix, y Félix, deseoso de congraciarse con los judíos, dejó a Pablo en la cárcel.
Act:
16/05/26
@tiempo
de pascua
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A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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