9 de Febrero
Domingo V Ordinario
San Agustín de Hipona
Homilías, XLIII, 5-6
Introducción
Estando el bienaventurado Pedro con otros dos discípulos de Cristo (Santiago y Juan) en la montaña, con el mismo Señor, oyó una voz venida del cielo: "Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo".
Recordando este episodio, el mencionado apóstol escribe en su carta: "Esta voz traída del cielo la oímos nosotros estando con él en la montaña sagrada". Y más adelante, continúa diciendo: "Esto nos cerciora la palabra de los profetas. Se oyó aquella voz del cielo, y se cercioró la palabra de los profetas".
Este Pedro, que así habla, fue pescador, y en la actualidad es un inestimable timbre de gloria, para un orador, ser capaz de comprender al pescador. Y ésta es la razón por la que el apóstol Pablo, hablando de los primeros cristianos, les decía:
"Fijaos, hermanos, en vuestra asamblea. No hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas, sino todo lo contrario. Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar al fuerte. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta".
Si para dar comienzo a su obra, Cristo hubiera elegido un orador, el orador hubiera dicho: He sido elegido en consideración a mi elocuencia. Si hubiera escogido a un senador, el senador hubiera dicho: He sido escogido en atención a mi dignidad. Si hubiera elegido a un emperador, el emperador hubiera dicho: He sido elegido en consideración a mi poder.
Descansen los tales, y aguarden todavía un poco. Descansen un poco, y que no se prescinda de ellos ni se les desprecie. Sean tan sólo aplazados, quienes pueden gloriarse de sí mismos y por sí mismos.
Dame, diría Jesús al Padre, a ese pescador, a ese ignorante, a ese analfabeto, a ese con quien no se digna hablar el senador. Y cuando le haya colmado de mis dones, quedará patente que soy yo quien actúo.
Respecto al senador, al orador y al emperador, que vengan también a Cristo, pero que venga primero el pescador. Que venga éste primero para enseñar la humildad que salva, y ya que por su medio será más fácilmente conducir a Cristo a los demás.
Acordaos, pues, del pescador bueno y lleno de Cristo, cuyas redes fueron echadas por todo el mundo, y había de ser pescado, junto con los demás, este pueblo africano. Acordaos, pues, que él había dicho: "Esto nos cerciora la palabra de los profetas".
Act:
09/02/25
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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