3 de Mayo
Domingo V de Pascua
San Ambrosio de Milán
Sobre la Muerte, XII, 52-55
Introducción
Caminemos intrépidamente hacia nuestro redentor Jesús, caminemos intrépidamente hacia aquella asamblea de los santos, hacia aquella reunión de los justos.
Nos encaminaremos al encuentro con nuestros padres, al encuentro con los preceptores de nuestra fe. Y si tal vez no podemos exhibir obras, que la fe venga en ayuda nuestra y la heredad nos defienda. Porque el Señor será la luz de todos y, aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, resplandecerá sobre todos.
Nos encaminaremos allí donde el Señor Jesús preparó estancias para sus humildes siervos, para que donde él esté estemos también nosotros. Tal fue su voluntad. Cuáles sean esas estancias, óyeselo decir a él mismo: "En casa de mi Padre hay muchas estancias". Y ¿cuál es su voluntad? Lo dice él: "Volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros".
Me objetarás que él hablaba únicamente a los discípulos, y que sólo a ellos les prometió las "muchas estancias", y se las preparó. Pues bien, yo te digo: ¿Cómo se cumplirá aquello de que "vendrán del Oriente y Occidente, y se sentarán en el reino de Dios"? ¿Es que podemos dudar de la eficacia de la voluntad divina?
En Cristo, querer y hacer son una misma cosa. Cuando les señaló el camino, por ejemplo, les indicó el sitio y dijo: "Donde yo voy, ya sabéis el camino". ¿Qué lugar indicó Jesús? Junto al Padre. ¿Qué camino? Él mismo, como cuando dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Y nadie va al Padre sino por mí".
Adentrémonos por este camino, mantengamos la verdad, vayamos tras la vida. Es camino que conduce, verdad que confirma, vida que se entrega. Y para que conozcamos sus verdaderos planes, al final del discurso añade: "Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy, y contemplen mi gloria". Padre, Padre, ésta es la repetición confirmatoria, lo mismo que aquello de "Abraham, Abraham", de "Marta, Marta" o de: "Yo, yo era quien por mi cuenta borraba tus crímenes". Bellamente pide aquí lo que antes había prometido.
Este prometer (primero) y pedir (después), y no a la inversa, es un prometer como árbitro del don, consciente de su propio poder. Con ello, pide al Padre como intérprete de la piedad. Prometió primero (para que conozcas su poder), y luego pidió (para que caigas en la cuenta de su piedad).
Jesús no pidió primero y luego prometió, para que no pareciera que prometía lo que previamente había impetrado. Más bien, lo que hacía Jesús es otorgar lo que antes había prometido. No consideremos superfluo, pues, que pidiera, pues de esta manera expresa su comunión con la voluntad del Padre, lo cual es una prueba de unidad, no un aumento de poder.
Te seguimos, Señor Jesús, pero llámanos para que podamos seguirte, ya que sin ti nadie puede subir. Tú eres el camino, la verdad, la vida, la posibilidad, la fe, el premio. Recibe a los tuyos como el camino, confírmalos como la verdad, vivifícalos como la vida.
Act:
03/05/26
@tiempo
de pascua
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A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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