3 de Mayo

Domingo V de Pascua

San Lucas
Hechos de Apóstoles 16, 16-40

Oficio, I

         Una vez que íbamos al sitio de la oración nos salió al encuentro una criada que era adivina y proporcionaba a sus amos mucho dinero echando la buenaventura. Nos seguía a Pablo y a nosotros gritando: "Estos hombres son siervos de Dios Soberano y os anuncian el camino de la salvación". Hizo lo mismo muchos días, hasta que Pablo, fastidiado, se volvió y le dijo al espíritu: "En nombre de Jesucristo te mando que salgas de ella". Y al instante salió.

         Los amos, viendo que se les iba toda esperanza de negocio, agarraron a Pablo y a Silas, los arrastraron a la plaza ante las autoridades y los presentaron a los magistrados diciendo: "Estos hombres están alborotando nuestra ciudad. Judíos como son, predican enseñando costumbres que nosotros no podemos aceptar ni practicar siendo como somos romanos".

         La plebe se amotinó contra ellos y los magistrados dieron orden de que los desnudaran y los apalearan. Después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien. Según la orden recibida, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo.

         A eso de medianoche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios, y los otros presos escuchaban. De repente, vino una sacudida tan violenta que temblaron los cimientos de la cárcel. Las puertas se abrieron de golpe y a todos se les soltaron las cadenas. El carcelero se despertó, y al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada para suicidarse, imaginando que los presos se habían fugado. Pablo lo llamó a gritos, diciendo: "No te hagas nada, que estamos todos aquí".

         El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas. Los sacó y les preguntó: "Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?". Le contestaron: "Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia". Y le explicaron la palabra del Señor a él y a todos los de su casa.

         El carcelero se los llevó a aquellas horas de la noche, les lavó las heridas, se bautizó con todos los suyos, los subió a su casa, les preparó la mesa y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios.

         Por la mañana, los magistrados enviaron alguaciles con esta orden: "Pon en libertad a esos hombres". El carcelero se lo comunicó a Pablo: "Los magistrados mandan a decir que se os ponga en libertad. Por tanto, salid y marchaos en paz". Pablo replicó a los alguaciles: "¿Cómo? Nos azotan en público, sin previa sentencia, a nosotros, ciudadanos romanos, nos meten en la cárcel, ¿y ahora pretenden echarnos a escondidas? Ni hablar. Que vengan ellos en persona a sacarnos".

         Los alguaciles comunicaron la respuesta a los magistrados. Al oír que eran ciudadanos romanos, se asustaron y fueron a excusarse. Los sacaron fuera y les rogaron que se marcharan de la ciudad. Al salir de la cárcel, Pablo y Silas fueron a casa de Lidia, y después de ver a los hermanos y animarlos, se marcharon.

 Act: 03/05/26     @tiempo de pascua         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A