12 de Febrero
Jueves V Ordinario
San Macario el Grande
Homilías, XXVIII
Oficio, II
Así como en otro tiempo Dios, irritado contra los judíos, entregó a Jerusalén a la afrenta de sus enemigos, y sus adversarios los sometieron (de modo que ya no quedaron en ella ni fiestas ni sacrificios), así también ahora, airado contra el alma que quebranta sus mandatos, la entrega en poder de los mismos enemigos que la han seducido hasta afearla.
Así como una casa, si no alberga en ella a su dueño, acaba cubierta de tinieblas, ignominia y afrenta, de suciedad e inmundicia, así también el alma, sin su Señor y su presencia gozosa acaba llena de las tinieblas del pecado, de la fealdad de las pasiones y de toda clase de ignominia.
¡Ay del camino por el que nadie transita, y en el que no se oye ninguna voz humana! ¿Por qué? Porque acaba convertido en asilo de animales. ¡Ay del alma por la que no transita el Señor, ni ahuyenta de ella con su voz a las bestias espirituales de la maldad! ¡Ay de la casa en la que no habita su dueño!
¡Ay de la tierra privada de colono que la cultive! ¡Ay de la nave privada de piloto! ¿Por qué? Porque acaba embestida por las olas y tempestades del mar, y naufragando.
¡Ay del alma que no lleva en sí al verdadero piloto, Cristo! ¿Por qué? Porque acabará puesta en un despiadado mar de tinieblas, sacudida por las olas de sus pasiones y embestida por los espíritus malignos como por una tempestad invernal, terminará en el naufragio.
¡Ay del alma privada del cultivo diligente de Cristo, que es quien le hace producir los buenos frutos del Espíritu! ¿Por qué? Porque acabará hallándose abandonada, llena de espinos y de abrojos, en vez de producir fruto, acaba en la hoguera.
¡Ay del alma en la que no habita Cristo, su Señor! ¿Por qué? Porque al hallarse abandonada y llena de la fetidez de sus pasiones, se convierte en hospedaje de todos los vicios.
Así como el colono, cuando se dispone a cultivar la tierra, necesita los instrumentos y vestiduras apropiadas, así también Cristo, verdadero Agricultor, al venir a la humanidad cultivó el alma abandonada, arrancó de ella los espinos y abrojos de los malos espíritus, quitó la cizaña del pecado y arrojó al fuego toda la hierba mala.
Habiéndola trabajado incansablemente con el madero de la cruz, Cristo plantó en la humanidad el huerto hermosísimo del Espíritu, huerto que produce para Dios, su Señor, un fruto suavísimo y gratísimo.
Act:
12/02/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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