4 de Mayo
Lunes V de Pascua
San
Lucas
Hechos de Apóstoles 17, 1-18
Oficio, I
Atravesando Anfípolis y Apolonia, Pablo y Silas llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga judía. Pablo, según su costumbre, se presentó allí, y por tres sábados discutió con ellos. Apoyándose en la Escritura, explicaba y probaba que el mesías tenía que padecer y resucitar, y concluía: "Ese mesías es Jesús, el que yo os anuncio".
Algunos judíos se convencieron y se juntaron a Pablo y a Silas, con gran número de adictos griegos y no pocas mujeres principales. Envidiosos los judíos, reclutaron unos maleantes del arroyo y, provocando tumultos, alborotaron la ciudad. Irrumpieron también en casa de Jasón, en busca de Pablo y Silas, para conducirlos ante la plebe.
Al no encontrarlos, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos a presencia de los concejales, vociferando: "Esos que han revolucionado el mundo se han presentado también aquí, y Jasón les ha dado hospedaje. Todos ellos actúan contrariamente a los edictos del emperador, porque afirman que hay otro rey, Jesús".
Estas palabras alarmaron a la multitud y a los concejales, y exigieron una fianza a Jasón y a los otros para ponerlos en libertad. Inmediatamente, de noche, los hermanos hicieron salir a Pablo y a Silas para Berea. Llegados allí, se dirigieron a la sinagoga.
Los judíos de Berea eran de mejor natural que los de Tesalónica, y recibieron el mensaje con buena voluntad y escudriñando a diario la Escritura, para comprobar si estaban así las cosas. En consecuencia, muchos de ellos creyeron, aparte de no pocos paganos y señoras distinguidas.
Cuando los judíos de Tesalónica descubrieron que Pablo anunciaba el mensaje de Dios en Berea, fueron allí a agitar a la gente y a alborotarla. Los hermanos, sin tardar, hicieron que Pablo saliese para la costa, mientras Silas y Timoteo se quedaron allí. Los que conducían a Pablo lo llevaron hasta Atenas, y se volvieron con el encargo de que Silas y Timoteo se reuniesen con Pablo cuanto antes.
Mientras Pablo los aguardaba en Atenas, le llegaba al alma ver la ciudad poblada de ídolos. A los judíos y adictos les hablaba en la sinagoga, y en la plaza mayor hablaba a diario con los que encontraba. Algunos epicúreos y estoicos también conversaban con él, y entre ellos se decían: "¿Qué tendrá que decir ese charlatán?". Otros, al oír que anunciaba a Jesús y la resurrección, decían: "Parece un propagandista de dioses extranjeros".
Act:
04/05/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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