4 de Mayo
Lunes V de Pascua
Beato Isaac de Stella
Homilías, XLII
Oficio, II
Del mismo modo que, en el hombre, cabeza y cuerpo forman un solo hombre, así el Hijo de la Virgen y sus miembros constituyen también un solo hombre y un solo Hijo del hombre. El Cristo íntegro y total, como se desprende de la Escritura, lo forman la cabeza y el cuerpo.
Todos los miembros juntos forman aquel único cuerpo que, unido a su cabeza, es el único Hijo del hombre. Al ser también Hijo de Dios, el Hijo del hombre forma con Dios el Dios único. Por ello, el cuerpo íntegro con su cabeza es Hijo del hombre, Hijo de Dios y Dios. De hecho, es el mismo Jesús quien dice: "Padre, éste es mi deseo: que sean uno, como tú en mí y yo en ti". Así pues, no hay cuerpo sin cabeza, ni cabeza sin cuerpo, ni Cristo total (cabeza y cuerpo) sin Dios.
El Hijo de Dios es Dios por naturaleza. Los miembros del Hijo del hombre están unidos en él por naturaleza, y no sólo místicamente. Lo están místicamente los fieles que siguen espiritualmente a Cristo. Lo que él es por naturaleza, éstos lo son por comunicación. Lo que él es en plenitud, éstos lo son por participación. Él es Hijo de Dios por generación, y sus miembros lo son por adopción, como está escrito: "Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar Abba, Padre".
Por este mismo Espíritu Santo, Cristo "les da poder para ser hijos de Dios" para que, instruidos por Aquel que es el primogénito de muchos hermanos, puedan decir: "Padre nuestro, que estás en los cielos". Nosotros renacemos en la fuente bautismal, como hijos de Dios y como cuerpo suyo. Lo hacemos en virtud de aquel mismo Espíritu del que nació el Hijo del hombre, como cabeza nuestra, del seno de la Virgen.
Así como Cristo nació sin pecado, del mismo modo nosotros renacemos para remisión de todos los pecados.
Así como Cristo cargó en su cuerpo de carne con todos los pecados del cuerpo entero, y con ellos subió a la cruz, así también, mediante la gracia de la regeneración, hizo que a su cuerpo místico no se le imputase pecado alguno, como está escrito: "Dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito".
Cristo sufrió en su cuerpo físico (sobre el madero) lo que limpió su cuerpo místico (por el agua). Y continúa salvando de nuevo por el madero y el agua, como "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo".
Act:
04/05/26
@tiempo
de pascua
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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