24 de Marzo

Martes V de Cuaresma

Orígenes
Comentario de Romanos, IV, 10-11

Oficio, II

         "Cuando nosotros estábamos todavía sin fuerza, y en el tiempo fijado, Cristo murió por los impíos, y eso que difícilmente se encuentra uno que quiera morir por un justo". Deseando Pablo exponer más ampliamente las cualidades del amor que ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo, explica ahora los motivos por los que debemos comprender esto, advirtiéndonos que Cristo no murió por los píos, sino por los impíos.

         En efecto, antes de convertirnos a Dios éramos impíos, y Cristo aceptó por nosotros la muerte antes que nosotros abrazáramos la fe. Esto no lo hubiera hecho de no abrigar hacia nosotros una gran e infinita caridad. Por eso nuestro Señor Jesucristo murió por los impíos, y Dios Padre entregó a su Unigénito para redención de los impíos.

         Si "difícilmente se encuentra a uno que quiera morir por un justo", y cualquiera de nosotros dudaría en aceptar la muerte (aun cuando el motivo de la misma fuera justo), ¡qué grande es Cristo, y cuán inmensa ha de ser su caridad para con nosotros, cuando no rehusó la pasión, ni morir por los impíos y los injustos! Esta es la prueba irrecusable de su bondad realmente infinita.

         Respecto del Padre, se dijo que "no hay nadie bueno más que uno". Esto uno es Dios Padre, pues de no serlo no hubiera podido derrochar tal caudal de bondad para con nosotros. Puesto que de semejante prueba de amor se deduce que él es ese "único bueno", quizás haya alguien dispuesto a morir por este ser.

         Desde el momento en que uno se dé cuenta del caudal de bondad con que Cristo le ha enriquecido, y de la caridad que ha derramado en su corazón, no sólo deseará morir por este Ser, sino que querrá morir heroicamente.

         Esto es lo que sucede con frecuencia cuando muchos cristianos, en cuyos corazones la caridad de Cristo se ha derramado con largueza, se ofrecen a sus perseguidores espontáneamente y con toda valentía. Sucede cuando estos cristianos confiesan el nombre de Cristo en presencia de todo el mundo, y están dispuestos a padecer ultrajes por su nombre, y se disponen a sufrir la muerte por este Padre bueno.

         Es tan grande el amor de la vida presente que, aun cuando la muerte acaeciere por razones justas, difícilmente se encuentra quien la acepte con resignación. Sólo la muerte que se acepta por Dios es posible de aceptar con heroísmo, y cualquier otra muerte apenas si se la tolera, aunque sea justa o tributo de la simple condición humana.

         "La prueba del amor que Dios nos tiene es que Cristo murió por nosotros, cuando todavía éramos pecadores". Habiendo dicho el apóstol que "Cristo, en el tiempo fijado, murió por los impíos", ahora quiere demostrar la inmensidad de la caridad de Dios para con los hombres con este razonamiento.

         Si el amor de Dios para con los impíos y pecadores fue tan grande que por su salvación les entregó a su Hijo único, ¿cuánto más amplia y abundante no lo será para con los convertidos, para con los que (como él mismo dice) han sido comprados y redimidos por su sangre?

 Act: 24/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A