28 de Marzo

Sábado V de Cuaresma

San Agustín de Hipona
Sermón Guelferbitano, III

Oficio, II

         La pasión de nuestro Señor y Salvador Jesucristo es una prenda de gloria y una enseñanza de paciencia. En efecto, ¿qué dejará de esperar de la gracia de Dios el corazón de los fieles, si por ellos el Hijo único de Dios, coeterno con el Padre, no se contentó con nacer como un hombre entre los hombres, sino que quiso incluso morir por mano de los hombres, que él mismo había creado?

         Grande es lo que el Señor nos promete para el futuro, pero mucho mayor es aquello que celebramos recordando lo que ya ha hecho por nosotros. ¿Dónde estaban, o quienes eran los impíos, cuando por ellos murió Cristo? ¿Quién dudará que a los santos pueda dejar el Señor de darles su vida, si él mismo les entregó su muerte? ¿Por qué vacila todavía la fragilidad humana en creer que un día será realidad el que los hombres vivan con Dios? Lo que ya se ha realizado es mucho más increíble, y es esto: que Dios ha muerto por los hombres.

         ¿Quién es Cristo, sino aquel de quien dice la Escritura: "En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios"? Esta Palabra de Dios "se hizo carne y acampó entre nosotros". Además, no habría poseído lo que era necesario para morir por nosotros, si no hubiera tomado de nosotros una carne mortal.

         El inmortal pudo morir y murió, y lo hizo para dar su vida a los mortales, y hará que más tarde tengan parte en su vida aquellos de cuya condición él primero se había hecho partícipe. Nosotros, por nuestra naturaleza, no teníamos posibilidad de vivir, ni él posibilidad de morir. Él hizo con nosotros, por tanto, este admirable intercambio: tomó de nuestra naturaleza la condición mortal, y nos dio de la suya la posibilidad de vivir.

 Act: 28/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A