27 de Marzo

Viernes V de Cuaresma

San Agustín de Hipona
Catequesis para Adultos, 31-33.39

Oficio, II

         Desde el comienzo del género humano hasta el fin del mundo seguirán existiendo dos ciudades, que ahora se hallan físicamente mezcladas, si bien separadas en sus aspiraciones: la ciudad de los inicuos y la ciudad de los santos, dos ciudades que en el día del juicio serán corporalmente separadas.

         Todos los hombres y espíritus que buscan la gloria de Dios, y no la propia, y siguen a Dios por el camino de la piedad, pertenecen a una misma sociedad. Con todo, el Dios misericordioso se muestra paciente con todos, incluso con los impíos, y les da un plazo para que se arrepientan y corrijan.

         Si Dios borró a todos mediante el diluvio (a excepción de Noé, a quien quiso salvar en el arca) es porque sabía que no tenían voluntad de corregirse. Durante los 100 años que duró la construcción del arca, se les predicó el inminente castigo que se iba a abatir sobre ellos. Si se hubiesen convertido a Dios, Dios les hubiera perdonado, como más tarde perdonó a la arrepentida y penitente ciudad de Nínive.

         En aquel diluvio no ignoraba Dios que los salvados en el arca volverían a pecar, y que de ellos nacerían hombres malos, y que nuevamente cubrirían la tierra con sus perversiones. Sin embargo, exhibió una muestra del juicio futuro y preanunció la liberación de los santos mediante el misterio del madero.

         Ni siquiera entonces faltaron justos que buscaron piadosamente a Dios y vencieron la soberbia del diablo. Eran los ciudadanos de aquella ciudad santa, revelada por el Espíritu Santo. Fue el caso de Abraham, piadoso y fiel siervo de Dios, a quien le fue demostrado el misterio del Hijo de Dios, de modo que los creyentes de todos los pueblos, imitando su fe, fueran llamados hijos suyos en las generaciones venideras. De él nació aquel pueblo que adoraría al único verdadero Dios, que hizo el cielo y la tierra.

         En este pueblo fue con mayor evidencia prefigurada la futura Iglesia. Se componía de una muchechumbre de gente carnal, que daba culto a Dios sólo por los beneficios materiales. Entre esta muchedumbre había un resto con la mirada puesta en el futuro descanso, que buscaba la patria celestial.

         A este resto le fue proféticamente revelada la futura humillación de Dios, nuestro rey y nuestro Señor Jesucristo, para que por esta fe fueran sanados del tumor de la soberbia. No sólo las palabras, sino la misma vida, el matrimonio, los hijos y las acciones de aquellos hombres que precedieron en el tiempo al nacimiento del Señor, fueron una profecía de este tiempo en que se congrega la Iglesia con hombres de todos los pueblos.

         En todo esto se preanunciaban los misterios espirituales, que se refieren a Cristo y a la Iglesia. De esta Iglesia eran también miembros aquellos santos, que vivieron en esta tierra antes que Cristo naciera según la carne.

         La ley se cumple sólo cuando, no por codicia de bienes temporales, sino por amor al legislador, se observa lo que él mandó ¿Quién no se esforzará en devolver al Dios justísimo y misericordiosísimo el amor con que él nos amó a nosotros, hasta el punto que no sólo envió a su único Hijo a vivir en nuestra compañía, sino a ser muerto por nosotros y para nosotros?

 Act: 27/03/26     @tiempo de cuaresma         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A