28 de Junio

Domingo XIII Ordinario

Beato Guerrico de Igny
Homilías, III, 3.5

Oficio, II

         Velad incesantemente, hermanos, y comportaos circunspectamente, teniendo en cuenta que ya ha amanecido la mañana del "día sin ocaso", y la luz eterna ha retornado de los infiernos para nosotros, y la aurora nos ha regalado un nuevo sol.

         Realmente "ya es hora de espabilarse, porque la noche está avanzada y el día se echa encima". Velad para que os ilumine la luz de la mañana (es decir, Cristo), "cuyo origen está dispuesto desde antiguo" y viene preparado para beneficiar a quienes velan por él.

         Cuando eso suceda, cantaremos con el corazón rebosante de júbilo: "El Señor es Dios, él nos ilumina", y: "Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo". Cantaremos así cuando haya dejado de brillar la luz que teníamos escondida entre manos, y empiece a brillar en nosotros esa luz que "no conoce el ocaso".

         "¿Hasta cuándo dormirás, holgazán? ¿Cuándo sacudirás el sueño? Un rato duermes, un rato das cabezadas, un rato cruzas los brazos y descansas". Hermano, si tú duermes, y no lo apercibes, Cristo resucitará del sepulcro, y pasará a su gloria, sin que tú merecerás siquiera sus espaldas. Entonces, movido por una tardía penitencia, llorarás y dirás con los impíos: Sí, nosotros nos salimos del camino de la verdad, no nos iluminaba la luz de la justicia, para nosotros no salía el sol.

         En cambio, para los que honráis su nombre "os iluminará un sol de justicia", y "el que procede con justicia, contemplarán sus ojos a un rey en su esplendor". Cierto, aquí se trata de una felicidad futura, pero que se concede ya para solaz de la vida presente. La disfrutaremos en el futuro, pero se concede ya con la resurrección de Cristo.

         Resucite y reviva nuestro espíritu, hermanos, y que cada uno se dé a una vigilante oración y a una actuación eficaz. Mediante una renovada y vívida energía, daréis muestras de haber participado en la resurrección de Cristo.

         El primer indicio del hombre que vuelve a la vida es su actuación esforzada y diligente, y su perfecta resurrección se producirá cuando abra los ojos a la contemplación. La inteligencia no será acreedora de esta gracia, si antes no se ensancha para hacerse capaz de una tan grande majestad.

         Por la oración se dilata el afecto, mas la perfección llega cuando el entendimiento es iluminado en orden a la contemplación. Esforzaos, pues, hermanos míos, escalando los grados de las virtudes y progresando en una vida gradualmente más santa, a fin de que "podáis llegar un día a la resurrección de Cristo de entre los muertos".

 Act: 28/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A