2 de Julio
Jueves XIII Ordinario
Libros
Históricos
Nehemías 9,
22-37
Oficio, I
Tú, Señor, multiplicaste sus hijos como las estrellas del cielo, y los introdujiste en la tierra que habías prometido a sus padres en posesión. Tú les entregaste reinos y pueblos, y repartiste a cada uno su región. Los pusiste en sus manos, igual que a los reyes y a los pueblos del país, para que dispusieran de ellos a placer.
Ellos se apoderaron del país de Sijón, rey de Jesbón, y de la tierra de Og, rey de Basán. Entraron para ocuparla y derrotaron a sus habitantes, los cananeos. Conquistaron fortalezas y una tierra fértil, poseyeron casas rebosantes de riquezas, pozos excavados, viñas y olivares, y abundantes árboles frutales. Comieron hasta hartarse, y engordaron y disfrutaron de tus dones generosos.
No obstante, se volvieron indóciles, y se rebelaron contra ti. Se echaron tu ley a las espaldas y asesinaron a tus profetas, que los amonestaban a volver a ti, cometiendo gravísimas ofensas.
Tú los entregaste en manos de sus enemigos, y éstos los oprimieron. En su angustia, ellos clamaron a ti, y tú los escuchaste desde el cielo, y por tu gran compasión les enviaste salvadores que los salvaron de sus enemigos. Cuando los abandonabas en manos de sus enemigos, y éstos los oprimían, ellos clamaban a ti, y tú los escuchabas desde el cielo, librándolos por tu gran compasión.
Al sentirse tranquilos, ellos volvieron ha hacer otra vez lo que tú repruebas. Volvieron la espalda con rebeldía, y tercamente no quisieron escuchar ni prestar atención. Tú los amonestaste para que volvieran a tu ley, pero ellos, altivos, no obedecieron tus preceptos, y pecaron contra tus normas.
Tú fuiste paciente con ellos durante muchos años, y tu espíritu los amonestó por tus profetas. Por tu gran compasión no los aniquilaste ni abandonaste, porque eres un Dios clemente y compasivo.
Ahora, Dios nuestro, Dios grande, valiente y terrible, fiel a la alianza y leal, no menosprecies las aflicciones que les han sobrevenido a nuestros reyes, a nuestros príncipes, sacerdotes y profetas, a nuestros padres y a todo el pueblo desde el tiempo de los reyes asirios hasta hoy. Eres inocente en todo lo que nos ha ocurrido, y tú has obrado con lealtad.
Nosotros somos los culpables. Ciertamente, nuestros reyes, príncipes, sacerdotes y padres no cumplieron tu ley, ni prestaron atención a los preceptos y avisos con que los amonestabas. Durante su reinado, a pesar de los grandes bienes que les concediste, y de la tierra espaciosa y fértil que les entregaste, no te sirvieron ni se convirtieron de sus malas acciones.
Ahora estamos esclavizados de nuevo, esclavos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen sus frutos excelentes. Sus abundantes frutos son para los reyes a los que nos sometiste por nuestros pecados, y éstos ejercen su dominio a su arbitrio sobre nuestras personas y ganados. Somos unos desgraciados.
Act:
02/07/26
@tiempo
ordinario
E D I T O R I
A L
M
E
R C A B A
M U R C I A
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