26 de Junio

Viernes XII Ordinario

Libros Históricos
Nehemías 1,1-2,8

Oficio, I

         El mes de diciembre del año 20 de Artajerjes, rey de Persia, me encontraba yo en la ciudad de Susa cuando llegó mi hermano Jananí con unos hombres de Judá. Les pregunté por los judíos que se habían librado del destierro y por Jerusalén. Me respondieron: "Los que se libraron del destierro están en la provincia, pasando grandes privaciones y humillaciones. La muralla de Jerusalén está en ruinas y sus puertas consumidas por el fuego".

         Al oír estas noticias, lloré e hice duelo durante unos días, ayunando y orando al Dios del cielo con estas palabras:

"Señor, Dios del cielo, Dios grande y terrible, fiel a la alianza y misericordioso con los que te aman y guardan tus preceptos, ten los ojos abiertos y los oídos atentos a la oración de tu siervo, que día y noche te dirijo por tus siervos israelitas, confesando los pecados que los israelitas hemos cometido contra ti, tanto yo como la casa de mi padre. Nos hemos portado muy mal contigo, y no hemos observado los preceptos, mandatos y decretos que ordenaste a tu siervo Moisés. Con todo, acuérdate de lo que dijiste a tu siervo Moisés: Si sois infieles os dispersaré entre los pueblos, mas si volvéis a mí, y ponéis en práctica mis preceptos, aunque vuestros desterrados se encuentren en los confines del mundo, allá iré a reunirlos y los llevaré al lugar que elegí para morada de mi nombre. Esto son tus siervos y tu pueblo, los que tú rescataste con tu poder y fuerte mano. Señor, mantén tus oídos atentos a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos que están deseosos de respetarte. Haz que tu siervo acierte y logre conmover a ese hombre".

         Era el mes de marzo del año 20 del rey Artajerjes. Yo era copero del rey, y tenía el vino delante, y tomé la copa y se la serví. Nunca me había presentado ante él con cara triste, y por eso me dijo el rey: "¿Qué te pasa, y por que estás triste? Tú no estás enfermo, sino preocupado". Me llevé un susto enorme, y respondí al rey: "Viva el rey eternamente. ¿Cómo no he de estar triste cuando la ciudad donde se hallan enterrados mis padres está en ruinas, y sus puertas consumidas por el fuego?".

         El rey me preguntó: "¿Qué es lo que pretendes?". Yo me encomendé al Dios del cielo, y contesté al rey: "Si a su majestad le parece bien, y si está satisfecho de su siervo, déjeme ir a Judá y reconstruiré la ciudad donde están enterrados mis padres". El rey y la reina, que estaba sentada a su lado, me preguntaron: "¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás?".

         Al rey le pareció bien la fecha que le indiqué, y me dejó ir. Tras lo cual, yo añadí: "Ruego a su majestad que me dé cartas para los gobernadores de Transeufratina, para que me faciliten el viaje hasta Judá. Y una carta dirigida a Asaf, encargado de los bosques reales, para que me suministren vigas de madera para los portones de la ciudadela del templo, para el muro de la ciudad y para la casa donde me voy a instalar". Por un favor de Dios, el rey me lo concedió todo.

 Act: 26/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A