26 de Junio

Viernes XII Ordinario

San Bernardo de Claraval
Homilías de la Ascensión, V, 149

Oficio, II

         Con una grandeza de ánimo realmente digna de encomio, el pequeño rebaño, privado de la estimulante presencia del Pastor, pero sin dudar lo más mínimo de que él se cuidaba de ellos con paternal solicitud, llamaba a las puertas del cielo con devotas súplicas, en la seguridad de que las oraciones de los justos penetrarían en él, de que el Señor no desoiría las súplicas de los pobres, de que no retornarían sin el acompañamiento de copiosas bendiciones. Insistían con paciente perseverancia, según el dicho del profeta: "Si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse".

         Con razón, pues, el oído de Dios escuchó la disposición de su corazón, y no frustró la esperanza de quienes se mostraron magnánimos, longánimes y unánimes. Estas virtudes son testimonio irrecusable de fe, esperanza y caridad. En efecto,  la esperanza genera la longanimidad, y la caridad da origen a la unanimidad.

         ¿Es igualmente cierto que la fe hace al hombre magnánimo? Sí, y sólo ella, pues todo aquello de lo que uno blasona, sin la fe como fundamento, no se apoya en la sólida grandeza de alma sino en una ventosa afectación o inane presunción. ¿Quieres escuchar a un hombre magnánimo? Pues bien, escucha la Escritura, que dice: "Todo lo puedo en Aquel que me conforta".

         Imitemos esta triple preparación, hermanos, si deseamos obtener la medida rebosante del Espíritu. Y si bien a cada uno (excepto a Cristo) se le ha dado el Espíritu con medida, sin embargo da la impresión de que el cúmulo de la medida rebosante excede en cierto modo la medida.

         La magnanimidad se hizo patente en nuestra conversión. Así pues, que sea igualmente evidente la longanimidad en la consumación, y la unanimidad en nuestro tenor de vida. La celestial Jerusalén desea ser instaurada con almas de este temple, a quienes no falte ni la grandeza de la fe (en asumir el yugo de Cristo), ni la longanimidad de la esperanza (en el perseverar), ni la cohesión de la caridad (que es el ceñidor de la unidad consumada).

 Act: 26/06/26     @tiempo ordinario         E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A